15.2.10

Las bombas de andar por casa...




En época de guerra a los alimentos se les llama víveres. Es lo que tiene el lenguaje: que se adapta a las circunstancias. En cuanto las circunstancias se ponen bravas viene un pelotón de fusileros y asedia una ciudad, interrumpe el suministro de agua, dinamita los servidores de electricidad y convierte las avenidas en caminos de escombros. Gente pendenciera que disfraza su pendencia de nacionalismo recorre las aceras, vigila los edificios todavía en pie y derriba con mira telescópica, en plan videojuego, los desavisados que sobreviven y esperan que el azar les permita encontrar víveres. La foto recién premiada en el World Press Photo de este año está tomada en Gaza, en marzo, pero podría ser cualquier ciudad del mundo en donde a los alimentos se les llame víveres. El intruso que asiste a la matanza con la nikon en ristre es un personaje necesario: es el intermediario entre el Estado del Bienestar y el Estado del Odio. Conecta ambos mundos y pone en evidencia las anomalías del sistema. La guerra es una de las anomalías más antiguas. Existe desde que alguien pensó que por la fuerza podía hacer valer su criterio. A veces hay guerras que ni siquiera exhiben criterio alguno sino que se conducen desde la barbarie más abyecta. He dicho a veces y ya corrijo: siempre. Es lo que tiene el lenguaje: que se adapta a las circunstancias y hasta se obstina en rebajar la crudeza de lo real. Porque la realidad es cruda y vivir es un delirio compartido en el que unos tiran bombas en un salón y otros toman la instantánea que registra el estropicio. Nada nuevo. Seguimos alerta.

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2 comentarios:

José Alberto P. dijo...

Los fotógrafos y los reporteros de las guerras cumplen una función social, en mi opinión, y es la de enseñar al mundo lo locos que estamos y lo bárbaros que somos. Lo malo es que vemos todo esto anestesiados y no nos afecta, porque estamos saturados. Saturados de guerras que no son nuestras, creo yo. En cuanto pasa una imagen viene otra, no sé, y así vamos poco a poco llenándonos de imágenes que impactan, que podemos usar para hablar con los amiguetes en los bares, pero que no nos afectan, en el fondo/fondo del asunto. Es lo que tú escribes muy bien, estamos alerta, pero no es nuestro.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Nos amodorra el exceso mediático. Miramos la vida como un espectáculo televisivo. La propia guerra, José Alberto, se entiende a veces como una trama de ficción. Las fotografías excelentes como ésta influyen lo justo. Nos aturdimos, nos enervamos, pero luego regresamos al cómodo fluir de las cosas. Así estamos.