12.2.10

Chestertonia


Vuelvo a Chesterton: en su Ortodoxia reconocía una emoción que brotaba subconscientemente y reconocía el hecho de que este mundo nuestro debía tener algún objeto verdadero. Que la vida era un cuento y que, en tanto cuento, debía tener un narrador. ¿Quién me narra a mí? ¿A qué género pertenece la trama en la que estoy? ¿Será un subgénero? Me agrada el thriller, pero no tengo alma de Sam Spade ni mi perfil se arrima a la épica sucia de un callejón a oscuras en el que dos policías de paisano custodian el cuerpo obscenamente acuchillado de una stripper. Bien pensado no tengo ni idea de en qué cuento estoy metido. Me lo pregunto en ocasiones. Sin abusar. Fantaseo con la posibilidad de revelarme contra el autor invisible que me guía. Sólo que no lo tengo a mano. Ni siquiera tengo la certeza de encontrarlo. Tampoco de que exista. Ahí andamos. Enredados en metafísicas. Siempre estamos enredados en metafísicas. Este blog entero es la extensión blasfema de esa intriga teológica. Dentro de cada uno de nosotros hay un teólogo. Lo escribió también Chesterton. Llevo un par de días en ese bucle.

.

2 Indicios de vida exterior:

Ramón Besonías dijo...

¡Qué importa quién y cómo sea tu personaje! Inventa uno que no sea fiel a tu voz, que vuele a su antojo por tu mente y te contradiga. Que calle tu lengua y hable él...

Un saludo, Emilio (o quien sea que escriba).

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Escribir es inventar personajes. Hasta uno, en esa ficción, se hace personaje de quien escribe. Mucha gente metida en un mismo sitio. Así sale luego todo. Saludos, Ramón. El que escribe. Emilio.