10.2.10

Adrede

I
Del acontecimiento más relevante de mi vida digo como Chesterton del suyo: me he tragado, sin rechistar y casi supersticiosamente, un cuento que no me fue posible comprobar, a tiempo, a la luz de la experiencia del juicio propio. Me hallo, por tanto, firmemente convencido de que nací el primer día de abril de 1.966 en Córdoba y que fui bautizado c0nforme el rito de la iglesia cristiana ante el alborozo de familiares, amigos de la familia y algún que otro feligrés accidentalmente testigo de ese protocolario acto. Siendo poco crédulo en tantas cosas lo soy con fiereza en ésta: debí nacer como dije que lo hice y debí crecer como los míos cuentan que crecí. El desatino de anécdotas que mi memoria es capaz de trenzar después de esa oscura circunstancia fundacional está ya al alcance de mis facultades de raciocinio, que son a veces escasas y se dejan manipular por las emociones. En esto lo tengo muy claro: soy sentimental por naturaleza. Incrédulo y sentimental.
Fantasear con el nacimiento de uno mismo te deja siempre en una especie de zozobra existencial: crees en que todo se ajusta al texto que te han recitado durante años, admites que nada de importancia fue saboteado de ese relato y que ningún episodio silenciado puede contribuir a desequilibrar tu vida. Es decir, uno cree que las novelas son novelas y que la vida, aunque roce y hasta casi se contamine en ocasiones de lo meramente novelesco, discurre en paralelo a la ficción y que los hilos que la manejan están cogidos con firmeza por nuestra voluntad más ferrea. Nada de esto, oh lector de mis cuitas, se apresta a la realidad, que suele emboscarnos en un aparte de las horas, echarnos contra la pared e intimidarnos como suele. Su nómina de tragedias, miserias, pasos en falso y precipios que se retuercen frente a nosotros y nos abisman a ellos es desgraciadamente significativa. Viendo los males que devastan al prójimo se pregunta uno cómo es posible que alguno no le toque en ese caótico y errático reparto de papeles en esta obra. Te cuentan que naciste en Córdoba el primero de abril de 1.966 y que creciste sano y robusto, alegre y ocurrente, dicharachero y amigo de juegos y de distracciones frívolas; ignoro si hay alguna posibilidad de rehacer el libreto, si hay manera de que podamos, al modo en que lo hacen los novelistas, agregar personajes, interrumpir un hilo de la trama y enhebrar otro hasta que no beneficia al argumento principal y decidimos eliminarlo en el capítulo doce, pongo por caso. No sé a estas alturas de la representación si conviene incluso echar por tierra lo visto, lo andado, renunciar al peso formidable de la experiencia y arrancar de cero. Pienso en que ese exabrupto vital es novelístico, razonamiento cómplice de invenciones del talento creativo, nada terreno, apegado a la rutina de los días. Tal vez por todo esto la ficción, ese bosque de mentiras, nos agrade tanto y disfrutemos de la mentira del cine o de la mentira de la literatura. Queremos que nos inventen una vida nueva que dure mientras estamos dentro de ella. Nos fascina ese trato legítimo que consiste en renunciar durante dos horas a lo que somos para ser otros en un film o renunciar varios días o fragmentos de días para ser otros en una novela.
II
Soy un lector errático, soy un lector en continuo desasosiego, soy un lector a la deriva. Escribo sin orden, escribo en trance, escribo en un naufragio. Vivo perdido, vivo en vilo, vivo sin desenlace. Respiro adrede.

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10 comentarios:

Ramón Besonías dijo...

Pessoa hizo de estos sentimientos toda una obra y una vida. "Amo los paisajes inexistentes", decía.

Ex-compi dijo...

Despegado de la coquetería de la edad, llegada a una parte de este viaje sin retorno, te preguntas hacia dónde vas, si esto tiene una parada para continuar el viaje, o si paras no te reciclas.
Sigamos andando con esta maleta llena y esperemos la parada definitiva, siempre lejana pero presente. Yo también sufro de las emociones.

Pepi dijo...

Yo también soy una lectora errática si es que quieres decir que vamos de libro en libro continuamente. Antes leía dos, al tiempo. Mezclaba novelas, incluso. Ahora no me atrevo. Mis neuronas, alguna habrá, tiran menos. Será la edad.

Pedro dijo...

Acabo de encontrar esta cita de Rabindranath Tagore:
"La vida es la constante sorpresa de saber que existo"
En mi paseo por esta, y me parece que en el tuyo también, la fantasía constituye una buena manera de evadirnos, a veces,de crudas realidades, y otras te permite soñar y hasta alcanzar lo irrazonable.

P. dijo...

Respiras adrede, coño, qué gustazo. Nos vemos...

Rafa dijo...

Es verdad que nos creemos todo eso a pie juntillas y que a lo mejor nos engañan. Qué gran idea. Y entonces ?

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Vivía en desasosiego. Bien pensado, Ramón, lo de Pessoa. Por cierto me han dado ganas de releer algunas cosas.

Dónde vamos, de dónde venimos, en fin, todo eso. Materia para la filosofía y para las chácharas afincados a pie de barra. Metafísica doméstica, ex-compi (¿cómo te llamas? no creas...

Pepi, yo también hacía esas locuras, leer dos libros a la vez. Dejé de hacerlo cuando el stress o la falta de tiempo me impedía incluso poder leer con soltura uno solo.

Pedro, la fantasía es lo que hacemos que estemos cuerdos. Les falta a los avinagrados. Hay muchos. Más de la cuenta. Reconozco que he leído muy poco, de verdad, de Tagore. Le pondré remedio. La cita me ha encantado.

Todo adredo, coño, P.

La idea, ya lo he escrito en el post, es de Chesterton. Yo la he usado. Sólo eso. Es buena, sí, señor, muy buena, muy propicia para continuar la idea y ponerse uno a inventar otras...

Anónimo dijo...

Te vi ayer en los informativos de Canal Sur con las "cosas" digitales y todo eso. Como decía Warhol, que sé que te gusta, todos tenemos esos cinco minutos de fama. Pero claro, Canal Sur es Canal Sur, o sea el Reino de los niños y de los viejos, jejeje.


Ana

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Fue un rato agradable, y eso que pensaba que no lo sería. Supongo que sabes de qué fue. Espero, no obstante, que se repita poco. Lo pasa uno ciertamente regular...

Anónimo dijo...

Pessoa, Kafka y Kundera son mis escritores favoritos. Hoy precisamente he leído algo de Kafka y de Kundera en un blog, pero ya ha sido el summun cuando veo en este (al que visito menos de lo que debería) citado al gran Pessoa. El libro del desasosiego, que nombras, es una obra de arte del arte de escribir en el siglo veinte. Sin más. Sin florituras. Deja el cuerpo roto. Así debe dejar la buena LITERATURA. Saludos a todos.

Alberto