14.1.10

La aristocracia del miedo


Vista de cerca, observada en detalle, la cara de Cary Grant huyendo del avión que le persigue, es de una contención absoluta. Recuerdo un anuncio de una conocida firma de trajes de caballero en el que los modelos jugaban a baloncesta en una cancha improvisada. Se vendía de la idea de la comodidad, la ilusión de que el verdadero caballero viste un traje a la altura de su dignidad y que el ejercicio físico, incluso el extremo, no desbarata ese porte. Poca gente como Cary Grant para saber llevar un traje mientras le acosa un avión de fumigación en mitad de un páramo yermo en un fotograma de una película de Hitchcock. Y la cara, contemplada con primor, analizando los gestos, exhibe esa aristocracia ante el dolor, ese saber llevar la muerte incluso cuando nos pisa los talones. Todas esas cosas debió advertir el gordo Alfredo cuando le echó el ojo y supo que ahí estaba su Kaplan perfecto, el maniquí sin aristas.

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