3.12.09

"Vivía sola salvo para un gato sin dueño...."



Una de las caras más bonitas del mundo. O al menos, una de las caras más bonitas del mundo que nos venden para distraernos. En la distracción, en la evasión pura, se vive mejor. El cine da alimento para el espíritu al modo en que lo da la religión para quien se deja. Las imágenes nos lo dan todo hecho. Basta dejarse, engolosinarse despacito, caer en la cuenta de que el ojo está alegre y de que el alma aplaude el receso y por un momento la miseria y la fealdad del mundo aplaza su vara de mando. Entonces vemos a Audrey Hepburn y esa sencilla noticia de la belleza nos transporta a un paraíso también sencillo en el que no necesitamos otra voluntad que la sensibilidad, ese don que abandonamos y al que de vez en cuando acudimos cuando nos sentimos embrutecidos en exceso. A mí la cara de Audrey Hepburn me desembrutece. Me pasa con pocas caras del star-system del cine, que no es únicamente Hollywood. Anoche pensé en la cara agreste y casi violenta de Anna Magnani. En Bette Davis. Incluso en la belleza varonil, simétrica y preocupada de Katherine Hepburn. Pero yo hoy estoy feliz con la fotografía que ilustra la entrada. La encontré esta mañana en una de esas revisiones internaúticas que no sabes dónde van a acabar. La mía terminó en ella. La guardé con mimo en un rinconcito del disco duro y allí ha estado todo ese tiempo hasta que ahora, a salvo ya del stress del día (juro que lo hubo), he ido a buscarla. Ha sido como una pequeña y discreta cita. No ha sido en París ni en Tiffany's. Blake Edwards no nos rodó el feliz encuentro ni Henry Mancini lo musicó. Hubiese querido que Chet Baker nos tocara Moon River y que la cantara Frank Sinatra, pero incluso sin toda esta maravillosa gente (Edwards, Mancini, Baker, Sinatra) yo hubiese sido feliz hasta el desmayo. Por esa cara sin error. Admito correligionarios. Me dejo convencer para adularla juntos.

.


.

2 comentarios:

Alex dijo...

A mí también me pasa que verla detiene por un par de horas el envilecimiento. Mezclaba en sus ojos la chispa con el hambre que padeció de niña.

Icono absoluto de mi adolescencia. Llegué a memorizar toda su filmografía en orden cronológico. Gilipolleces que ocurren cuando tienes catorce años.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Se envilece uno pronto viendo qué hay y qué nos dan. Hay, no obstante, artilugios, iconos, huecos, versos, fotogramas, paisajes, besos, aristas de lo real que nos mejoran como personas y desembrutecen la parte herida por la mediocridad. Una cara es uno de ellos. Lo tuyo en la adolescencia, oh my friend, es para nota... Yo me sabía de memoria la discografía completa de la Electric Light Orchestra. Y de memoria, del disco uno al último, todas las canciones de los álbumes de Queen. En fin...Nos vemos el domingo (if it may be)