4.11.09

Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo...


Con algunos muertos uno no puede rebajarse a la apatía. Aunque nunca paseara con ellos las avenidas y los parques y en ninguna feliz ocasión le invitaran a café en una barra de bar, los siente propios, cercanos, muertos íntimos a los que no afecta la rutina de las horas ni se dejan contaminar por el gris de los días. Viven en un limbo perfecto. En vida y también en la muerte. Habitan el corazón, que entiende en ocasiones más de imposturas y de belleza que de cosas tangibles con las que edificamos la parte menos hermosa de la vida. Siempre pensé que la vida está en lo que no se ve, en lo que no se cuenta, en todo aquello que nos ocupa enteramente pero que no es apreciable desde fuera a simple vista, sin el concurso extremo de la sensibilidad. Y José Luís López Vázquez nos enseñó a ser sensibles, a vivir más deleitosamente esa vida de mentira que existe en el corazón y que no se deja contaminar por la rutina de las horas. Se fue como tantos y se quedará igual que ellos. Lúcidamente conservado en la memoria. Protegido en cientos de películas a las que uno puede regresar y no dejar que el asombro se pierda como sucede tantas veces.

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4 comentarios:

Le Mosquito dijo...

Y qué lástima (relativa) que no podamos ver más a don José Luis en Teatro. Don José Luis era más actor sobre las tablas, sobre cualquiera de sus astillas, que en una secuencia de fotogramas eterna.
Queda don José Luis en bobinas de celuloide, pero me gusta recordarlo sobre la escena, desprovisto de artificios; actor creíble, de contención admirable; envidiable. También queda en mi memoria un hombre tímido (siempre fiel a su sombrero) y cuya timidez fue tomada, con demasiada e injusta frecuencia, por antipatía.

Le quisimos.

Le poinçonneur dijo...

Cómo me gusta esa escena de "Atraco a las tres" a la que alude el título del post. Qué grande era López Vázquez, coño.

REFO dijo...

Emotivo texto de despedida a uno de los actores más grandes que ha tenido el CINE, independientemente de su nacionalidad.

Alex dijo...

Adiós, maestro. Y gracias...