4.9.09

"El mejor disco de la historia del jazz..."



K. escucha este disco una vez al año desde hace veinte, que yo sepa. Veinte audiciones pueden ser pocas. Yo habré escuchado un par de cientos de veces la rapsodia bohemia de Queen o So what de Miles Davis. He visto unas quince Ser o no ser de Lubitsch. Jamás cedo cuando mis amigos me embaucan como sólo ellos saben, en conversaciones de bar, en esas nostalgias arrimadas a una buena cerveza fría sin nada que hacer en el mundo durante, al menos, dos horas, y me recuerdan que existe Edgar Allan Poe, Borges, Nabokov (ay, Lolita, mi Lo-li-ta: Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta". Es lo que K. llama el bucle sentimental, ese viaje que uno se concede de vez en cuando y que accede directamente a las costuras más íntimas del alma. K. sostiene que el concierto de Keith Jarrett en la Casa de la Ópera de Colonia le hizo amar el jazz casi tanto como a sí mismo. Creo que primero se hizo de una grabación en cinta de cassette en 1.980 o así. Luego compró el vinilo, que todavía guarda en el trastero, en una caja bien precintada que tutela una buena parte de su historial audiófilo. Hace poco se bajó (qué verbo más esponjoso, liviano y deliciosamente delictivo) el material en mp3 y lo ha registrado en un disco vírgen. Yo mismo he cometido esos mismos trayectos con discos y con películas. El peligro de los formatos es que uno nunca está contento y siempre busca una fidelidad más alta, un rizo técnico mayor. K. no es tan exigente como yo. Le basta saber que el piano de su amigo Keith le va a restituir los mismos escalofríos que antaño y pasa completamente de que suena mejor o suene algo peor. Lo que a él le sigue fascinando es la conversación que prosigue al deslumbramiento. Los amigos le consentimos el desbarre fonético. Anoche, sin ir más lejos, terminó en Colonia, en la Casa de la Ópera, y volvió a relatarnos las anecdotas del concierto de marras. Le dejamos que se explaye porque si le frenáramos, si exhibiéramos el hartazgo que a veces nos causa ese bucle, esa salmodia imprudente (valga el oximorón) K. no sería K. sino otra cosa que igual no nos llena como únicamente él sabe hacerlo.
Todos tenemos amigos así: gente fanática de asuntos que a nosotros, en ocasiones, nos traen al fresco. He oído las veces suficientes el disco de Jarrett y admito que transpira belleza, pero me cansa hasta el desmayo. Irremediablemente. No lo oigo una vez al año. Ni siquiera una al quinquenio. Lo tengo, sé que está ahí, a mi capricho, a la espera de que K. sea un día más incisivo que de costumbre y me obligue a sacarlo de su funda, meterlo en la bandeja y dejarlo correr hasta que el bueno de Keith termine, exhausto, a su manera, después de brincar por las teclas y dar esos chilliditos tan suyos durante cincuenta minutos históricos frente al goloso público germánico. De ahí a que sea el mejor disco de la historia del jazz media ese abismo que el buen lector ya ha previsto, aunque entiendo adherencias perfectas como la que guía a K. Pero no me atrevo a contradecirle. Además no hace ni puñetera falta. Cualquier día me censura a mí y saca de mi repertorio de bar las ocurrencias de mi amigo Borges. Por ahí no paso. Ahora, en cuanto cierre este posteo y me termine la cervecita del mediodía, meto en mi ipod , qué haría yo sin mi bendito ipod, el disco de Jarrett y me lo enchufo esta noche. Va por ti, amigo. Hoy, al menos, soy un fan más. Uno sincero, no creas.

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9 comentarios:

Godzilla1973 dijo...

Tu amigo K. es un friki, disculpa que te lo diga. Tú lo conocerás bien, pero frikis en una cosa o en otra somos todos, Emilio, y hace bien K. en oir lo que le salga del ánimo. A mí por ejemplo me gusta horrores el cine japonés de terror y nadie me entiende. No me gusta ni las adaptaciones americanas, esas que ganas tanta pasta. A mi me va el rollo japonés. A K le va el rollo keith Jarrettt. Sois los 2 afortunados por poder compartir vuestros aficiones. Saludos y a seguir escribiendo...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Un friki es poco, Godzilla. Es mi friki number one. Se le perdona todo como él me perdona a mí cualquier cosa. Lo del cine japonés es una aberración como otra cualquiera. Ya he escrito que todos tenemos muchas. Perdona la sinceridad brutal. Vuelva usted. Se le espera...

Anónimo dijo...

Compañero, qué ganas tenía de entrar en tu página y hoy ha sido el gran día. Llevo poco pero vaya sí que está bien. No sé nada de jazz y veo como sabes poco cine, pero da gusto ver que hay gente que escribe bien y sabe de esas dos cosas. Lo mío es el fútbol. De eso veo que escribes poco. O que no escribes nada. ¿Tienes un artículo sobre Cristiano Ronaldo ? Seguro que sí. Se despide atentamente, un compañero "mu" salao...
d

Anónimo dijo...

Yo también lo escuché por esa época y todavía le tengo aprecio, sentimental, sobre todo. Es verdad que cansa y no es para escucharlo una vez al més como K. Puestos a juzgar, todos salimos tocados. A quien le gusta el cine japones no le gustan los libros sobre cocina. A mi me encanta los libros sobre cocina. Los colecciono y no me molesta que me etilden de friki. A mucha honra. Luis

Sesión discontinua dijo...

Muy buen texto, provocado sin duda por esos libros, audios o videos de los que necesitamos vivir cerca. Sólo eso...

Nos leemos!!!!

Isabel Huete dijo...

Me hace gracia que haya tantos hombres a los que les gusta la Lolita de Navokov y lo comenten y, sin embargo, no conozco ninguna mujer que hable de ese libro con entusiasmo y menos aún que comente sobre él. Haberlas las habrá, pero yo no conozco a ninguna... ¿Por qué será? :)
Yo creo que lo bueno que tiene la música de Keith Jarrett es que no deja indiferente: o gusta o no gusta. A mí personalmente no me entusiasma, la verdad.
Yo soy una friki de las mariposas, de todas, de las de verdad y de las de mentira. Como me niego a matar a ninguna, las colecciono de cualquier material y las pincho en un corcho. Creo que me reencarnaré en una de ellas.
Besucos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Es un disco muy sentimental para mucha gente. No baldíamente es el más vendido en la historia del jazz. Pero los superventas no siempre responden a criterios de calidad absoluta. A mí Keith Jarrett me encanta, pero los conciertos de Colonia, y luego Osaka o Tokyo, me parecen repetitivos. No siempre está uno conectado a ese minimalismo conceptual. No entiendo tanto, Luis. Saludos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

José Ángel, me alegre leerte por aquí. Los textos que uno escribe siempre están jaleados por los que lee. Y así andamos. Saludos...

Frikis somos todos. De cualquier cosa sale un fanático. El fanatismo es como la fe: insobornable, incorregible, inargumentable. Lo de Lolita no lo he pensado, pero es posible que tengas razón. De todas formas, hombres, mujeres, es un LIBRO SOBERBIO. Besos, isabel.

La Quinta Disminuida dijo...

Al escuchar las primeras cinco notas que inician la mejor obra del Keith (en cuanto a improvisación espontánea se refiere)hay algo que me inmoviliza y es imposible detener el cidi o levantar la aguja, así que debo saber cuando escucharlo.Gran post.