22.9.09

Como moscas en un cristal

Con la vida viene a suceder como con ciertas películas comerciales: que sólo entretienen, que se acaban olvidando, que nunca merecen el entusiasmo ni soportan el rigor de los años, el acomodo en ese espacio sentimental que es la memoria. Como no hay otra vida a la que encomendar el alivio de las penalidades de ésta, nunca acertamos en eso de saber si hacemos lo que debemos en la travesía de los años. Quizá fuimos menos felices de que lo son otros o sospechamos que el azar obró a nuestra contra y poco o nada destacable quedó tras esa travesía. Hay quien se labra el porvenir y quien sencillamente espera que las cosas pasen. Sin más. Sin otro cometido que vivir. A lo mejor eso ya es bastante. Hay quien se despreocupa, quien no indaga, quien apenas hurga en la herida que le rompe adentro. Ninguna de esas indagaciones metafísicas impide acceder a una felicidad que otros, ahogados en cultura, en ética y en un ejército considerable de recursos racionales, no alcanza en su vida. No sé si el bagaje libresco ayuda a soportar el peso de los días. Porque los días pesan. Incluso los más livianos, los bendecidos por el júbilo y los que se arriman al ascua infinita de la alegría, ocultan la gravedad previsible, el dolor escondido en los gestos menos sospechosamente dolorosos. Pesan los días y se comba uno a fuerza de transportar esa carga y seguir en la brecha y dormir cada noche recopilando fuerzas para empezar un tráfago nuevo. No es ningún pesimismo existencial. Hace tiempo que no releo a Pessoa y nada trágico altera mi (ahora) rutinaria vida de maestro provinciano que busca huecos para pasear con la familia, ver el cine irrenunciable y tener todavía ánimo para no perder la costumbre de los libros. Y a veces todo eso se pierde. Ni paseamos, ni vemos el cine que quisiéramos ni tampoco devoramos los libros como antaño. Se acuesta uno renombrando la dicha y encuentra placeres nuevos. Lo que duele es que algunos antiguos parezca que renquean, que no levantan vuelo y entonces es cuando dormirmos más tranquilos, menos preocupados. A lo mejor es verdad que es mejor (mucho mejor) vivir sin metafísica. Al día. Como las moscas en un cristal.

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6 comentarios:

Isabel Huete dijo...

A veces pienso que adquirir conocimientos o recrearse en los adquiridos es un placer, es una manera de vivir; otras que pierdo el tiempo recreándome en las palabras o en las imágenes prefabricadas en vez de hacerlo en las bellezas que nos ofrece la naturaleza, en silencio.
Cada día es una vida distinta. Fluir, sencillamente.
Besazos.

antígona dijo...

Leer a Pessoa no tiene marcha atrás. Revela sentimientos que tal vez hubiesen quedado mejor en la Caja de Pandora.
Aquí no veo un lamento ni una pregunta. Más bien, un goce. O al menos, el que yo tendría si pudiera ponerle palabras a mi hastío.
Natalia

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Cada uno, Isabel, vive como quiere o como lo dejan. La cultura hace que eso de vivir sea más como uno desea que como los demás programan. Besos.

Leí a Pessoa en una idea inconveniente. Lo he releído después y sigo pensando que hay libros (el del desasosiego) que te marcan. El hastío puede ser productivo, Natalia. Uns aludo.

Alex dijo...

Los días pesan y mucho, Emilio. Los pensamientos se revuelven como cuando barajamos unos naipes y nada terminada nunca de encajar. Quiero creer que se trata de eso. De nunca aprender a vivir, como decía Pessoa. Afirmarlo fue un lamento para él. Leerle forma parte del peso invisible del tiempo para los que le leemos.

Víctor Herrero dijo...

Muy Buenas

Leo tu blog y busco un crítico de cine para mi programa de radio.
El programa es los viernes y tu intervención tendría que ser de 22.20 a 22.45 o por hay.
El ambiente es el mejor y te lo pasaras muy bien
Mira mi email para recibir respuesta es el siguiente victor-herrero@hotmail.com

Un saludo

Anónimo dijo...

Chapeau.
Rafa.