02/07/09

Me explotan cien sonetos en el pecho

Tengo una visión hedonista de la vida. No es una confesión hiriente hacia quien posea una visión distinta. Me inclino siempre a pensar que quien busca a cada instante la alegría la acaba encontrando y la incorpora a sus palabras y a sus gestos con la comodidad de quien sabe que hace algo bueno para él y para los demás. Porque la alegría, al compartirse, se expande y alcanza a quienes no la ejercen. La alegría, la que defendía enfáticamente Benedetti, no se parece a nada y es el motor que lo mueve todo. Está hecha de júbilos pequeños, irrelevantes, júbilos que al arrimarse unos a otros construyen la felicidad, que es lo que se esconde debajo del amor y que movía, en opinión del hadado Dante, el sol y también la estrellas. Se trata, en fin, de que el tiempo no nos hiera en exceso o nos dañe escoradamente.
Una vez que se acepta la alegría y se mecanizan sus posturas lo demás viene por añadidura. Ninguna recomendación más higiénica que ésta: buscar la alegría, inclinar el cuerpo y el alma a su centro exacto y soberla sin decoro, abrevar la testuz, libarla, perder en la libación todas las formas, caso de que tengamos alguna y haya sido útil en algo. Hoy me decía un amigo que me veía alegre y pensé que que quizá hacía tiempo que no lo estaba. Hasta un anónimo lector dominicano me escribía ayer que nota el dolor en lo que escribo. Oscuro, apostillaba. Y ahora digo alegre sin poso de congoja, alegre sin semántica ni argumentos que estropeen la sencilla convocatoria de esa alegría. Luego asiste uno al espectáculo de la vida y la alegría se abruma de luto y cambia el júbilo por la pena, pero hoy estoy alegre y me explotan (como escribió un poeta) cien sonetos en el pecho. Mañana me escalarán cien lagartijas y me contarán al oído las miserias del mundo.

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6 Indicios de vida exterior:

Nicolas dijo...

Me encantó lo de "Hasta un anónimo lector dominicano"...¿Esta isla está muy lejos o el dolor se percibe sólo de cerca? Y se le olvidó que apostillaba también iluminado y luminoso...No se aferre al dolor solamente, aunque me alegra que hoy le exploten cien sonetos en el pecho...Pero esa angustia propia de la razón no lo deja...No lo deja aunque la haya transformado en su impulso vital...Ya ve que augura lagartijas para mañana...Jaja
Y ahi tiene mi nombre...Encantado de conocerle...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La distancia, en este asunto de bits y blogs, es lo de menos, Nicolás. Encantado de conocer su nombre. De eso, quizá, se trataba. Y se me olvidaron cosas, claro. Y aquí estamos.

Lola Mariné dijo...

"Me estallan mil sonetos en el pecho", ¡qué hermosa expresión de la alegría!

Estaba totalmente de acuerdo contigo hasta que hemos llegado a las lagartijas: mejor no profetizar negatividades porque las profecías se cumplen.

Encantada de conocerte.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Mejor sonetos que lagartijas, Lola, pero ambas cosas, lo sabemos, se obstinan a veces en escalarnos el pecho. Encantado estoy yo de que entres en mi rinconcillo bloguero!!!

Anónimo dijo...

Qué gusto leer. La felicidad, escribió en unpost anterior, hacía que no se escribiera o algo así. Negabas escribir porque lo principal era ser feliz.Te contradices en este texto. Feliz y escribiendo así, ay, qué contradicción. Feliz verano, hombre. Rafa

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Va por días eso del júbilo y de la tristeza. En ambas escribe uno. Yo, al menos,necesito escribir. Feliz, a tope, cuesta.