20.7.09

El día de la luna



En lo que a mí respecta, en mi apero sentimental, la llegada del hombre a la luna tiene menos impotancia que la literatura alrededor de esa circunstancia que se ha ido creando desde el glorioso día de julio del 69. En cierto sentido, importa más el camino y la crónica posterior que el viaje en sí. He crecido escuchando episodios más o menos épicos sobre la colonización lunar y he dedicado muy poco tiempo a investigar en libros o en documentales sobre la planificación y la travesía. Me fascina más la luna que el hombre sublima y mira desde abajo, con reverencia, con algún tipo de ancestral respeto que está incrustado en nuestra memoria, en la memoria animal que compartimos y a la que no siempre tenemos acceso. Esta noche hace 40 años que el hombre (uno, da igual el nombre) puso el pie en la luna. Yo me quedo con la luna de Borges y con la luna que se asoma a la calle Bourbon, en Nueva Orleans. Me quedo con La luna del hereje, que es la página de un buen amigo. Me quedo (puestos a rebañar la dimensión iconográfica del asunto) con la cara oculta. Hay en ese lado escondido más literatura que en el lado visto. Suele pasar. No se me ocurre mejor homenaje a la efemérides que colocarme esta noche The dark side of the moon, el álbum antológico de Pink Floyd. No sé si es poca cosa o mucha. En el fondo me da lo mismo. La luna no sabe que es la luna como mi pie izquierdo desconoce que el derecho lo persigue. Hay en las cosas una voluntad de modestia. Incluso de anonimato. Me duele en el fondo del alma, allá en algún fondo que quede disponible, estas festividades un poco frívolas e innecesarias, pero que alimentan la épica. Sin épica, sin ese extra de aventura trascedente, moriríamos. Nos encontrarían en un rinconcito, perdidos en nosotros mismos, aburridos y tristes, sin nada que contar y nadie que tenga empeño en contar algo que suscite el asombro, la reverencia, esa fascinación que ejercen las hazañas del hombre. Uno puede ir a la luna.

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3 comentarios:

Eduardo dijo...

Y yo que no me lo creo, jijijiji....

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La vida en ocasiones parece una película y las películas, en otras, remedan la vida. Y ahí andamos. No sabemos quién dirige el qué, quién escribe los argumentos, si estamos asistiendo a una representación o si nos muestran un registro fiable de lo que sucedió. La luna, en fin, es un punto más o menos gordo, más o menos cambiante, que aparece de noche cuando miro al cielo. Y ahí nos quedamos, Eduardo.

Alex dijo...

Mi madre hablaba con frecuencia de la madrugada en la que vio al hombre poner el pie en la luna. Me contaba que con frecuencia se asomaba al balcón para mirar la luna y asombrarse diciendose a sí misma: "Hay tres hombres allá arriba". La literatura y el cine han producido genialidades sobre la luna. Pocas cosas inspiran tanto. Y ninguna mueve mareas salvo ella.