21.5.09

Política

Hay quien va para poeta y quien lleva un astronauta adentro. Los más, el grueso de la ciudadanía, colaboramos en el sostenimiento del tejido laboral con más prosaico empeño y nuestros oficios exhiben épicas de bajo rendimiento, perfiles de muy inferior glamour. El triste y gris desempeño de un funcionario de Hacienda no rivaliza con las proezas del periodista freelance que embarca en primera clase en un crucero con el firme propósito de abrir el portátil a la caída de la tarde y en cubierta, mecido por el céfiro y oyendo la respiración agitada de las olas al romper con el acero en la quilla, escribir la crónica del placer, el festín del verbo enredado con el coppertone de las jovencitas y el vago olor del bourbon de marca rompiendo, a dentelladas, el generoso hielo servido en algún historiado vaso de boca ancha. No es lo mismo, por mucho que el abnegado, profesional y presuntamente vocacional funcionario se esmere en el balance de sus cuentas y se entusiasme con la belleza sutilísima de un arqueo perfecto. Pienso esto a propósito de la clase política y no sé en qué categoría encuadrarla: si en la de la textura gris del informe oficinesco, timbrado y rancio o en el arcoiris absoluto de quien escribe poemas y hasta se gana la vida con los versos o el que pilota un coche de Fórmula 1 y anuncia colonias cara y seguros a todo riesgo. Yo jamás quise ejercer el trabajo al que me entregue con mayor o menor fortuna: quise ser taxista, quise ser payaso, quise ser novelista.
A K. le parece espléndido quien se consagra al ejercicio noble de la política. A pesar de los estragos, muy sinceramente explicado, K. sostiene que los políticos son, con diferencia, los que más se desgastan, los que más pierden, los que acaban renunciando a más cosas y, encima, en beneficio de los demás. Yo soy el administrado y el político es quien me administra. Yo soy el gobernado. Yo soy el triste traído y llevado y en modo alguno tengo entre mis horizontes laborales perspectiva alguna de escalafonar en la política. Mi medro es nulo. Enseño inglés en una escuela pública y escribo en mi blog. Escucho a John Coltrane en My favourite things. Leo a Ángel González y a Robert Louis Stevenson. Voy al cine con mi mujer y me alquilo los viernes algo para el fin de semana. Escribo en mi blog sin obligaciones ni exigencias. Me acuesto revisando qué ha ido bien en el día y qué puede mejorarse para el próximo, pero me da un escalofrío pensar en la política como un generoso acto de entrega personal. Afortunadamente hay gente que no piensa como yo. Tengo incluso, en la lejanía, un amigo que se inclinó por el negociado de la cultura y de la educación en su pueblito y ahí anda, perdido de todos, perdido de mí y ufano de su gesta, supongo. Yo no tengo valía para esos menesteres. Me falta mano izquierda. La derecha la reservo para manuscribir poemas y firmar en el supermecado cuando entrego la tarjeta si me pilla sin dinero en la cartera. Creo firmemente en la clase política, aunque motivos no me faltan para descreer igual que descreo de la clase seglar y de todos los politiquillos que a distancia se huelen falsos y arribistas, profanando el sagrado altar de la administración de esta sociedad que se orienta al bienestar y que termina, la mayoría de las veces, hocicando en la miseria. Va este post por todos los políticos del mundo. Los cercanos, los lejanos, los que se levantan con más preocupaciones que yo y se acuestan, quién sabe, ufanos de su empeño, como mi amigo, como K., que todavía tiene muy claro eso de que la democracia y los poderes del Estado son más importantes que todos las piedras que algunos les lanzan a capricho, por ver si el descrédito hace mella en el chasis de las instituciones y terminan hundiéndose.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Bravo.
¡Qué gusto da leer estas cosas! ¡Qué alegría la escritura limpia y el mensaje claro en estos tiempos de lodazal, de lodazaaaal!!!!! A seguir en el camino y aquí, un amigo, un lector en adelante. Víctor Manuel Encinas

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

No sé si es un lodazal, Víctor, pero va camino de... En fin, uno confía en los políticos porque no tenemos otra cosa mejor. ¿La hay? Estupendo que entre en mi pequeñito blog. En eso estamos. Abur.

Isabel Huete dijo...

Estudié Ciencias Políticas porque me interesaba la POLITICA pero caí en la ingenuidad de pensar que podría dedicarme a ella... Lo intenté pero fracasé porque no entendía nada ni era capaz de poner en práctica el disimulo hacia las cosas que no me parecían bien. Sin embargo, puedo decir que tuve la satisfacción de conocer a grandes personas practicantes de la política y a otras muy pequeñitas, enanos políticos. Creo en la política pero me decepcionan algunas de sus prácticas. Ninguno es un bendito pero tampoco la mayoría son unos sinvergüenzas. Los medios de comunicación son empresas que, como todas, buscan el mayor beneficio y venden mucho más incidiendo en la malo de los unos y de los otros que en lo que se hace bien. No me fío demasiado de los políticos pero menos aún de los que nos informan sobre lo que hacen.
Tampoco me fío de los ciudadanos que se las tragan todas, y son la mayoría.
Efectivamente, no tenemos otra cosa mejor.
Besotes.

Anónimo dijo...

LA POLITICA ES UN BURDEL. LAS HAY MAS PUTAS Y LAS MENOS PUTAS PERO ES UN CUARTEL DEPUTAS EN LA QUE POCOS SE SALVAN DE LOS BICHITOS. ESO ES. NO TE ESMERES EN DEFENDERLOS. XXXX

Conrado Castilla dijo...

No es la primera vez que hemos hablado de política tu y yo. Temenos amigos comunes con los que no comulgamos políticamente, pero son nuestros amigos. El descrédito de la política en España nos viene de largo pues casi siempre muchos de los políticos profesionales de este país han pensado que los ciudadanos somo tontitos a los que hay que manipular pues de lo contrario podríamos desenmascararles y quedarían con el culo al aire, por bien vestidos que vayan.
A pesar de todo, estoy de acuerdo con Isabel cuando dice que quizá haya que desconfiar más de los que escriben sobre los políticos pues muchas veces esos medios de comunicación se deben más a sus intereses económicos, políticos e incluso religiosos que a las personas a las que dicen informar.
No todos los políticos son unos corruptos como tampoco todos los funcionarios son unos vagos, ni todos nuestros alumnos son unos inútiles, así que creo que siempre es conveniente confiar un poco en los seres humanos, ¿no os parece?
Un saludo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La política centrifuga al político, inevitablemente, pero hay que esperar que no se arrugue ni se descerebre demasiado y cumpla con lo pactado. Toda la política es un pacto, un contrato, una manera de hacer de las cosas o muchas maneras pero registradas con mimo y con mucho honor y mucha honestidad. Es cierto que los medios de comunicación enturbian lo que, en principio, no tiene principio alguno de turbidez, Isabel. Totalmente. No hay medio que se salve íntegramente: todos buscan coro a su melodía. Sin excepción.

Lo de burdel es excesivo. Los habrá, no me cabe duda. Pero entonces no es política, xxxx, es caciquismo, tiranía, todas esas infames cosas que no son por entero del pasado.

Hemos hablado de política, Conrado, y hablaremos más, y navegamos, con matices, en el mismo galeón. He preferido un galeón. No sé la razón. En todo caso, es éste el mejor de los tiempos;nunca, jamás, a pesar de todo los venenos trágicos del mundo, hemos estado mejor. Lo sabemos.