30.3.09

Una biografía


Distraídamente el lector va abandonando entre los libros billetes de autobús, servilletas, tickets de parking, comprobantes de cajero automático y hasta pequeñas facturas domésticas. Un día decide abrir todos esos libros, sacudir su solemne vigilia vertical y registrar con vocación de entomólogo todos los cuerpos extraños que han ido llenando sus páginas. Ahí es donde se va dando cuenta de su biografía. Pone en claro lo turbio. Administra la herencia de recuerdos que el azar ha confiscado al olvido. Entonces aparece la turbación melancólica de la novia antigua e irrelevante y el leve patetismo de la vida crápula en la universidad cuando todavía Samuel Beckett no era nadie ni Pablo Neruda había escrito los versos más tristes del mundo. Los libros custodian esa relevante constatación de que hemos vivido. La guardan sin pedir nada a cambio. Tal vez infinitamente y quizá como si lo que vamos dejando entre sus páginas hubiese sido pensando o fabricado para terminar allí. Como si los billetes de autobús, las servilletas, los tickets de parking, los comprobantes de cajero automático y las pequeñas facturas domésticas significaran algo más de lo que manifiestamente significan. Como si contaran nuestra vida con mayor desparpajo y contundencia narrativa. Como si una vida cupiese en esos papeles fragilísimos. Y sabemos, a pesar de todo, que una vida cabe incluso en un verso...

4 Indicios de vida exterior:

Alex dijo...

Qué bonito texto, Emilio. A mí, como sabes, me encanta descubrir lo que ocultan los libros que rapto de la biblioteca. Pronto publicaré mi último descubrimiento (esta misma noche, quizás). Precioso descubrimiento oculto en un libro de Houllebecq.

Dejar constatación de que hemos vivido no es fácil. Todo se olvida al final. Cuando era adolescente, en el instituto, le preguntaron a un compañero por Sófocles, y él respondió: "Un griego de esos". Todo se pierde al final. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que Woody Allen tenía razón en "Hannah y sus hermanas": Vive el momento y no te preocupes por lo que está por llegar.

emilio dijo...

Encontré un billete de cinco euros, hace poco, en un libro de Kafka, uno de relatos cogidos así, al azar. Uno barato, de mercadillo casi. El billete, dentro de Kafka, sacudió mi imaginación. Hemos vivido y eso hay que contarlo. Vivir para contarlo, dicen ahora. Todo al final es olvido. Y pienso en Borges, claro. Todo se resume a ser alguien de un grupo. Un griego de esos. Nosotros somos también, quién sabe, parte de algo que no conocemos. Arranco el martes. Te vaya lindo el día como dicen los argentinos...

gabriel cusac dijo...

Creo que estos archivos en mayor o menor medida son un acto de fetichismo. Y me ha hecho gracia lo de la vocación entomológica porque los libros de mi madre siempre tenían alguna seca, quebradiza y difunta mariposa dentro.

emilio dijo...

El fetichismo es el que mueve el sol y las estrellas y no el amor de Dante. El fetichismo, el vicio convertido en marca de identidad cultural o en registro de esos vicios. Soy fetichista, entonces. No lo había pensado.