25.1.09

Para empezar a leer a Canetti...

"Creo que la familia es algo así como un pecado mortal. No hay nada más bonito que una madre, un padre, un hermano, una hermana, pero cada uno por separado, todos juntos en un solo sitio son mortíferos, se asfixian mutuamente y le quitan el aire a uno. En cada ciudad del mundo, pero muy alejados uno del otro, debería haber una de esas monstruosidades, un hermano, un hijo, incluso una tía, pero nunca y en ningún lugar juntos. Habría que buscarlos en sus respectivas ciudades, con grandes dificultades, y las reuniones de todo el clan deberían castigarse con la cárcel, como las conspiraciones"

El 28 de Junio de 1.948 Elias Canetti le escribía una carta a su hermano George. Éste era uno de sus párrafos más suculentos. Poco menos de cuarenta años después, descolló como el Escritor Total y los mandamases de Estocolmo le dieron el Nobel de Literatura.
-





A decir de quienes la practican, el mundo de hoy en día está gobernado por gente de poca fe. Los que ahora se oponen a que nuevos modelos de familia acompañen al hasta ahora único existente, deberían leer con atención entomóloga el razonamiento de Canetti, que lejos de ser un exabrupto literario, una boutade destinada a escandalizar lectores timoratos de moral severísima, fue escrito para su hermano, George, en una (aparentemente cerrada al público) carta familiar. Canetti es un tipo singular. Hace años que leí su Masa y poder y me costó noches casi en vela y quebrantos físicos culminar su voluminosa presencia, pero me impuse su lectura después de leer, a pie de estantería, en una librería de Cádiz, alguna de sus inspiradas brevedades, apuntes filosóficos de inspiración muy terrena, que me maravillaron al punto de apuntar en una libretita, que ya he perdido, el nombre del autor y una llamada con muchos signos de admiración en la que me obligaba a leer todo lo que cayera en mis manos. Entonces, siendo yo un mocetón cumpliendo su instrucción militar, no estaba dispuesto a sacrificar mis escasos cuartos en la compra del volumen y perder la oportunidad de usarlos en vicios más discutibles (cerveza a tutiplén, unos bocadillos de tortilla de patata excelentes y tabaco, lo que entonces era mi estricta dieta marcial), pero no extraviemos el discurrir del post con atropellos biográficos que el amable lector no querrá para distraer una tarde de domingo en la que debería estar oyendo al ínclito Luis Antonio de Villena, con el que tomé café en Córdoba hace ya veinte clavados años y con quien no intercambié una sola sílaba, hablando sobre lo divino, lo humano, lo oriental y lo mariano en mi pueblo...

Ayer volví a ver en un kiosko de prensa la cara de sabio a lo Einstein del amigo Canetti y recordé la libretita, el apunte a lápiz. Los lápices, guardados en los bolsillos, no sueltan tinta y durante años he ido siempre acompañado de uno por si la inspiración, que o no llega o te pilla sin nada con que registrar su susurro divino, me mira y me concede su gracia. La cita ha venido a pelo. Brusca como pocas, me ha parecido de una brillantez literaria absoluta. La literatura debe provocar. La buena, al menos. Caso de que no cause asombro o que no despierte esa brizna de cólera, no debe ser tenida en cuenta. No albergo ninguna duda de que la vida de Canetti está lo suficientemente jalonada de miserias y de desplantes familiares como para que su verborrea haya parido esta joyita que ha cruzado el siglo XX y todavía hoy en día suena a moderna. Más todavía en estos días de disturbios morales entre quienes dan su vida por hacer valer los patrones morales clásicos - bendecidos por la fe y sustentados por un par de milenios de experiencia - y los que la dan por derribar esa antigualla ética, desmentelar todo vestigio de tradicionalismo en las relaciones humanas y reivindicar la unión de cualquier ser humano dotado de raciocinio y voluntad de emparentarse con su igual, nunca mejor dicho. Probablemente Canetti disfrutaría si viviera ahora. Están los tiempos reventones de discusiones de las que a él le chiflaban. Con Canetti yo llamaría a Nietzsche y también a Chesterton, como contrapunto. Pocas veces he visto a alguien tan facultado para el intercambio de ideas como el gran Chesterton. Para nivelar la mesa redonda (ya saben, Canetti, Nietzsche, Chesterton) pido la presencia de José Antonio Marina, nuestro filósofo de cabecera en plan divulgativo, que sigue entre los vivos, por muchos años, espero, y daría vidilla y hondura pedagógica a las teorías de unos y de otros. Lo que no tengo claro es el lugar en el que se colocaría. Juan Manuel de Prada, columnista de ABC, novelista vocacional, cinéfilo y otras muchas cosas más que ahora no me apetece enumerar, estaría encantado de colarse en el foro, pero igual no le llamo. Al fin y al cabo soy yo el que ha inventado el sarao.

5 comentarios:

Los criticones dijo...

A JM de Prada, quizás le podías subir al fondo norte del público como hooligan, con su brazalete y todo. O detrás de la mesa de los contertulios, una gran foto de su egregio y singular cráneo, de policial pérfil, simplemente para abrir el debate con una pregunta del tipo: ¿Qué coño puede haber ahí dentro?

- "Mr Chesterton, tiene la palabra."

ARM

Isabel Huete dijo...

Mira que yo amaba a mi madre, pero nunca podría haber espresado mi idea de las relaciones familiares mejor que Canetti porque no soy él, evidentemente. Mientras he tenido, y tengo, a la familia lejos mejor relación tengo con ella, pero las "juntanzas" siempre me han parecido un sufrimiento espantoso, eso sí, llevadas con mucha resignación. Creo que me tengo ganado el cielo...

Y yo siento decirte que lo de invitar a Prada... No sé, pero me daría un poco de repelús, más si hemos de ponerlo junto a las otras privilegiadas cabezas que apuntas. No sé si ellos lo llevarían bien...
Un besote

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Hooligan del verbo, que suelen a veces ser peores que los que empuñan otras armas. Unos jalean a otros. Al De Prada le tengo yo por un tertuliano cabreado, que usa su corrección semántica y sus uso lingüísticos variados y complejos para exponer su muy particular visión de la decadencia de Occidente, que está decaído, qué le vamos a hacer. Chesterton tiene siempre la palabra, ARM.
¿ARM a qué nombre puede corresponder, querido compañero ?


Isabel, tiene la familia estas y otras cosas, pero también, según experiencia, puede uno considerar que vale la pena el esfuerzo, el desgaste. Haberlo, haylo, claro. Igual no he dejado claro que a De Prada NO lo invitaría. Puede aturdir al personal.

Los criticones dijo...

Sí señor, mucho más peligrosos los adiestradores de jabalíes que los jabalíes. Y mucho más responsables de lo que pasa (pasó y pase). Ahí van de Goebbels a Losantos en paquete y con lacito (sin equiparar a unos y otros, ojo, puesto que unos son más bajos, otros más altos, otros alemanes otros no y así...).

ARM son mis vulgares iniciales, de Álvaro. Mi absoluta esterilidad imaginativa impidió buscar un heterónimo simpático y colorista, qué se le va a hacer...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Correcto, Álvaro. Adiestrar es más punible que ser adiestrado. Sencillamente.