8.10.08

Elogio de las horas


La persistencia del tiempo, Salvador Dalí



Estaba en el desescombro de algunos papeles cuando tropecé con un poema vertido en un servilleta de bar. San Fernando. Cádiz. Junio de 1.990. Contra pronóstico, los años no perjudicaron la presencia quebradiza del papel del bar. Ha conservado cierta romántica evidencia del antojadizo paso del tiempo. Lo de menos es la letra manuscrita. Unos versos cortos. Palabras hiladas sin concierto. Sí recuerdo el bar, su gentío, el minúsculo rincón de la barra en el que fatigaba horas perdidas de una tarde de Mayo cualquiera. El estampado de una conocida marca de manzanilla sustituye al que yo querría: el nombre del bar. Recuerdo también a mi amigo Juan Barceló Quiles, (Juan, coño, ¿dónde andas?) que me acompañó muchas de esas tardes militares a la espera de que el Estado diera por finiquitado nuestro contrato incivil. Lo dio poco meses después de aquello. Juan volvió a Alicante y yo a mi Córdoba.
La servilleta, a lo visto, viajó conmigo y luego el destino se las apañó para que no se extraviara. Tantas cosas se han perdido desde entonces que el pedazo de papel es una pequeña obra maestra del imprevisible reino del azar. A falta de un escáner con el que poder compartirla, y guardarla al menos en las entrañas insondables de este blog (alojado en qué oscuro limbo digital), la vuelvo a guardar. Esta vez con más mimo. Seguro que mis atenciones hacen que el mismo azar que me la ha traído veinte años después me la pierda ahora. Tampoco perdería mucho. De hecho, ni lo transcribo aquí. Se queda en la servilleta. Igual me entierra y lo encuentran, asombrados, perplejos, en el impensable futuro, mis (imprecisos) descendientes.

4 comentarios:

Alex dijo...

El azar es caprichoso, Emilio. Vivímos rodeados de señales. Hoy me encontré con una más.

Puedes tomar el asunto como una muesca más del azar, o considerarlo una simple casualidad. Cosa tuya.

Clint dijo...

¿Dónde comprarían esas servilletas? De primera calidad, oye. Como ves, me he fijado más en el canal que en el mensaje, cosas de Saussure, por cierto ¿qué mensaje?

Anónimo dijo...

Coño Emilio....

.... después de tanto tiempo el capricho del azar vuelve a pasar junto a nosotros.....

Veo que sigues con tus vicios, que haríamos sin ellos.

Que buenos recuerdos.

Un saludo (y alli se quedaron).

Juan Barceló Quiles

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Coño, Juan. ¿Y María Pía? ¿Así se llamaba tu novia? Tiempos. Buenos, en su medida, en todas las medidas. El escrito es lo de menos. Escribir Juan Barcelo Quiles podía producir lo que ha producido: que el nombrado co-protagonista de aquel año gaditano salga del olvido y tengamos unas palabras. Escribe, coño, Juan. Coño, Juan. Y ahí queda, de momento, este comentario que, aunque lo parezca, no tiene nada de pornográfico. Coño, Juan, insisto, escribe. Habla. Cuenta.