22.9.08

Elogio del limón triste

La poesía tiene su indumentaria popular, su cartografía doméstica de pétalos, adelfas, corceles blancos que fatigan prados de rocío y altas ventanas donde la luz predice un hechizo de amor puro. Normalmente, a quien no le entra por el oído la cosa poética, le da un poco de grima fonética esa retahíla de juegos florales y sucumbe a la simplicidad intelectual de pensar que todos los versos de los poetas son dulces y que todos se abastecen de metáforas inofensivas pobladas de pájaros y de estrellas que titilan en el cosmos. Quien, por el contrario, ha vencido esa trinchera semántica encuentra un regalo de los dioses, un registro soberbio de ese cosmos, una especie de luz sublime que indaga en lo que la realidad oculta, descerrajando los usos de la costumbre, sorprendiendo al lector con texturas y con piruetas verbales que no están al alcance de los novelistas, de quienes manejan la prosa y cuentan, a su modo, las mismas historias, aunque amplificadas, arrebatadas de hondura.
Viene esta improvisada defensa de la lírica a propósito de los limones tristes que alguien encuentra en el fondo de un vaso largo. Y está ahí, en el limón perfecto, la poesía como un arma cargada de historias. Quien me entregó (involuntariamente) la imagen del limón alojado en el culo del vaso maneja con desparpajo los rudimentos de la poesía, su vértigo humilde, su capacidad infinita para aprovechar todas las posibilidades expresivas de nuestro hermoso idioma. Debajo de la realidad, a ras de fábula, transcurre el limón, el limón triste, el limón invisible. Los restos del naufragio, ¿no es cierto, Luis?

7 comentarios:

Alex dijo...

Quien piense que la poesía es melosa por definición debería leer a Baudelaire, a Rimbaud o a Panero.

La poesía es el arte supremo, Emilio. Lo sabes.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Los tres forjaron el poeta-lector que luego derivó en el poeta-autor que a veces soy. De hecho comencé a escribir versos antes que a enfangar líneas en una fatigosa prosa. De hecho jamás me siento satisfecho de nada de lo que escribo y, a la manera del bueno de Borges, que sé que no tragas, me jacto de lo que leo, y leo (con diferencia) mucha más poesía que prosa, y disfruto más con los versos, con ese amor sublime/supremo por la palabra meticulosa y el quiebro exacto en el verso que con la novela, que últimamente me causa zozobra porque tengo cada menos tiempo y Tolstoi o Auster o Mann precisan de toneladas de tiempo. El mío, cuando arranca el curso escolar, es escaso por diferentes causas que pueden no venir al caso. De todas formas, my friend, eliges tres poetas fundamentales. Me quedo con Panero, aunque algunos puristas me tilden de blasfemo. Me quedo siempre con la literatura escrita en el idioma que domino, el cstellano. Igual me pasa con la prosa. Auster en inglés tiene que ser más Auster que traducido. Probé a leer cuentos de Carver en inglés y disfruté mucho, pero la experiencia fue agotadora. Didáctica, amena, pero agotadora. La poesía es el bien supremo de una sociedad enquistada en las prisas y en ese tránsito que va de la mercancía a su disfrute. La poesía es aliento, aire, pulso: herrumbre, belleza, lirismo, pérdida. Todos los sentimientos humanos caben en un verso. Todos se pueden contar en una frase. Cuídeseme, y mucho.

Anónimo dijo...

He sido lector de poesía con la edad esa en la que se lee poesía porque se está enamorado, ya ves, qué idiota, ¿verdad?, pero todas esas lecturas, esos ratos en los que otros escribían lo que yo pensaba me han hecho mucho bien, pienso ahora, tantos años después, Emilio. Por lo tanto la Poesía, así, así, con mayúscula, es el género Mayor, con mayúscula. Hay poetas que se hacen novelistas. Lo contrario, entiendo yo, no suele pasar en las letras españolas o de afuera. Me parece que la poesía, la buena, claro, la hay mala de solemnidad y tengo dos o tres nombres de poetas "de moda" que son malos también de SOLEMNIDAD. Tengo hasta un libro en un cajón de mis años "mozos". Vergüenza en versos. No los saco por pudor. Eso de las metáforas inofensivas de pájaros, qué bien explicado, son las que educan al lector futuro. Los maestros deberían volver a que los alumnos leyeran poesía en clase. ¿Tú, del gremio, qué piensas de eso? Iván.

Héctor Alberto dijo...

Más de acuerdo imposible. Define usted la poesía con amor, la ama, y eso se nota con el amor que también coloca en las palabras que usa. Son malos tiempos para la poesía, creo yo. ¿Quién la mata? Murió hace tiempo, o si no está muerta, anda herida, anda renqueante, y no sé yo, en estos tiempos de televisión criminal, como podemos resucitarla. Iván que no se averguence de sus versos. Eso es el princpio de no volver a escribir nunca más. Lo sé porque a mi me pasó.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

No son, en el fondo, malos tiempos para la lírica. Estuvo peor en otros y de ese rigor, de la adversidad, también nacen poetas con ganas de franquearla. Con distintas armas. La televisión criminal no sólo reduce el número de lectores jóvenes de poesía. También de lectores, en general. Lo de Iván es totalmente cierto: hay que escribir por encima de cualquier otra consideración. Que tome nota si lee esto.

Isabel Huete dijo...

No puedo decir que lo he sido siempre, pero soy amante de la posía desde hace ya bastante años y creo que desde el mismo día que la descubrí y disfruté de su lectura la considero el espejo donde se miran todas las cosas y las sensaciones y sentimientos que provocan. Pienso que la poesía es la crónica más exacta que se puede hacer de la vida.
El problema de la poesía, que lleva mucho tiempo relegada a un orden de lectura mínimo en el ámbito educativo y a un reconocimiento exiguo en los medios de comunicación, es lo circunscrita que está a la divulgación que, de la suya propia, hacen los autores más conocidos del momento en connivencia con los críticos amigos. Sólo se conoce lo que la élite poética actual permite que se conozca. Engodamia pura de un grupo autoconsagrado. Los nuevos poetas que de vez en cuando surgen, a cuentagotas, lo hacen después de recibir el beneplácito de los que se resisten a ser sepultados por la competencia. Es difícil asistir a la presentación de un libro de poemas de un autor desconocido que no esté apadrinado por uno de los "grandes", que no siempre lo son tanto. Los que no lo hacen, los que no entran en ese juego, no existen para el público en general porque las editoriales convencionales, puro mercado, no arriesgan.
Por desgracia este mal endémico no afecta sólo a la poesía...
Me consuelo leyendo a muchos poetas editados por editoriales pequeñitas, alternativas, que se mueren de ilusión viendo sus versos en un librillo de pequeña tirada, casi nunca distribuidos en librerías y sólo reconocidos en ese mundo undergraund de extraordinaria vitalidad y con el que me relaciono constantemente. Ése también es otro limón triste. Muchos de esos poetas "inexistentes" son realmente buenos.
Luis sabe mucho de ese mundo porque las primeras batallas poéticas las libró ahí y nunca se ha desvinculado de él.
Preciosa entrada.
Un besazo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Hay muchos limones tristes, Isabel. Antaño, siendo yo mozalbete, escribí un libro de poemas que tuvo a bien publicarme la Diputación de Córdoba. Hasta ahí bien. Luego la cosa derivó hacia dónde uno quiere. Reuniones para ver y para ser visto. Literatura portátil. Cerveza. Vino. Jamón. No se le hacen ascos a las viandas, pero de libros, de poemas, nada. Así el tiempo me instaló en donde estoy. Escribir en mi blog, un librito humilde tirada doméstica que publiqué este verano en Lucena. Los poetas viven de los padrinos, lo sé. La literatura entera, la joven, la que arranca. Necesitas un aval que te introduzca en el mundillo. Hay mucha tela que cortar en esto. Demasiada. Y siempre sale mal parada la poesía. Esa es la que pierde en todos los casos. ¿Lectores de poesía? Los justos, pero muy buenos, muy fieles, muy entusiastas. Besos.