19.4.08

Cava, Nick, cava


A Nick Cave le inspira la brutalidad del Antiguo Testamento y las referencias bíblicas perlan su robusta discografía. Nada nuevo: Sting dijo que la iconografía cristiana le marcó siendo niño. Si no hubiese sido por el jazz de salón y por la master card, Sting podría haber sido un Nick Cave rubio y atormentado, reconocible en sus bajadas al infierno y en sus gloriosas escaladas al cielo puro de la creatividad insobornable.
Después del telúrico Grinderman ha vuelto a reunir a sus Bad Seeds y el disco de 2.008 es una epifanía de rock purísimo, edificado sobre las raíces del blues y embutido con mimo (pero sin amaneramientos) en el traje ampuloso de las nuevas músicas del mundo del siglo XXI: Cave es un gurú en lo suyo, un profeta eléctrico, una especie de Bob Dylan ensimismado por la belleza de lo sórdido, por la fascinación de la fe y por la certeza de que el tiempo, el implacable, va a lo suyo y no espera a nadie, como decía la vieja tonada de los Stones de los sesenta. Nick ha pasado ya la cincuentena, pero canta mejor que nunca.
Jesus of the moon lleva conmigo un mes: desde que la oí no he podido evitar buscarla casi a diario. La escucho en mis cascos blancos de Ipod infinito (40 gigas dan para muchísimo) mientras la tarde va cerrando la ciudad y abriendo otra cosa, que nunca sé bien qué es, pero que me gusta mucho más. Nick Cave debe ser un tipo extraño en el trato corto. No me entra que sea un tío campechano, capaz de comentarte cómo ha ido el fútbol en el fin de semana o cómo de bueno de David Bowie cuando Ziggy Stardust planeaba las barras de bar del Londres profundo, pero yo me limito a escuchar Dig, Lazarus, Dig!!!, que invita a escuchas nuevas, como si fuese jazz en vez de rock. En cierto modo siempre pensé que el rock se agotaba enseguida: Cave me hace cambiar de opinión. Y Steve Earle (qué maravilloso disco Washington Squeare serenade). Lazaro fue el primer zombie de la Historia: de algún modo Cave es Lázaro también: ha regresado. Sí, nunca se fue, pero yo lo veo venir fuerte y oscuro, tremendista y caústico, trovador de la electricidad del mundo, poeta de Cristo entre zumbidos de acople. Le sienta bien al hombre la desintoxicación. Le sienta de perlas.

4 comentarios:

Mycroft dijo...

Aunque me transmite mas dudas que el de Grinderman, es un disco con mucha fuerza.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Fuerza, inteligencia, experiencia: a mí me ha descubierto el Cave que ya había perdido, aunque reconozco que le perdí el interés hace mucho tiempo. Todos los discos albergan dudas, Mycroft. Uno de mis favoritos de todos los tiempos (The lamb lies down on Broadway, Genesis) llegó a causarme más pesar que placer. Era el abuso. Me contuve, me curé, me rehice. He vuelto al amor primero. Soy un sentimental. Saludos, my friend.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Fuerza, inteligencia, experiencia: a mí me ha descubierto el Cave que ya había perdido, aunque reconozco que le perdí el interés hace mucho tiempo. Todos los discos albergan dudas, Mycroft. Uno de mis favoritos de todos los tiempos (The lamb lies down on Broadway, Genesis) llegó a causarme más pesar que placer. Era el abuso. Me contuve, me curé, me rehice. He vuelto al amor primero. Soy un sentimental. Saludos, my friend.

Mycroft dijo...

A mi el doble Lyre of orpheus me pareció muy aparente pero vacío. Los dos anteriores si eran buenos...