7.3.08

Un amigo


En el muy noble arte de vender mitos, el negocio se iría a pique si dependiésemos de este tipo tristón con aspecto de funcionario aburrido que jamás ha salido de las faldas de mamá y de su colección de tebeos de la Marvel, pero sólo se trata de saber con certeza qué es lo que tenemos entre manos. Debe ser muy malo mezclar los pósters centrales del Penthouse con las obras completas de Kierkeegard. O tal vez esa mezcla venenosa potencie recónditos circuitos creativos del cerebro que el resto de los mortales tenemos anestesiados por el peso formidable de la rutina. Lo cierto es que no podemos pasar sin él ni un solo año. Buscamos en la prensa todo lo concerniente a su persona como si se tratara de una estrella rutilante que nos tuviese sorbido el seso, el criterio y el sueño. Da igual que luego salgamos de la sesión de hipnosis menos en trance de lo que querríamos. Importa escasamente que el genio de gafas de pasta y verbo adrenalítico no esté a la altura requerida. Tenemos a mano algunas obras maestras y siempre es posible echar dos horas frente al televisor enchufado a una sesión en DVD de las fobias, manías y fetiches que han hecho del tipo de la fotografía uno de los más recomendables amigos que uno pueda echarse frente a una pantalla. Y eso, en los tiempos en los que estamos, no está al alcance de casi nadie. Yo llevo con él veinte años y parece que fue ayer. Espero que llegue a los ochenta en vena. Lo espero de verdad.

4 comentarios:

Borodín al cuadrado dijo...

Yo también espero que Woody dure cien años, por lo menos. Como Manuel de Oliveira, pero con otra capa de humor y otra forma de entender no ya el cine sino la vida. Mi descubrimiento de Woody Allen fue con La rosa púrpura de El Cairo en el cine Santa Rosa, que tú conoces, claro. Ya no está el cine, como tantos otros. Pero está en nuestra memoria. Saludos, Emilio.

El Blog de Eduardo MInutella dijo...

Woody, aún en sus puntos más bajos, es siempre Woody. Preferible cien veces a mucho de lo que anda dando vuelta por ahí con más prensa que calidad, fugaces artistas "de culto" que quién sabe quién recordará en un par de años. En mi país, la Argentina, está de moda pegarle todo el tiempo a Mr. Allen. La grandiosa "Matchbox", por ejemplo, ha sido calificada por la revista "El amante", convertida desde hace tres lustros en voz oficial de la muy posmoderna nueva cinefilia local - siempre a la búsqueda de la última novedad- con un rotundo uno (porque cero la revista no pone). Yo, en cambio, continúo cumpliendo con mi ritual año tras año. Y en general gano.

Un saludo

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo del cine Santa Rosa es también parte de mi memoria cinéfila e incluso vital. Ya no está, lo sé. Igual - no sé qué edad tienes - coincidimos allí con La rosa púrpura... porque te aseguro que fue en ese cine en donde la vi, Borodin al cuadrado...

Eduardo, no tengo demasiada información sobre lo que me cuentas. Casi ninguna, más bien. Woody es un genio y un salvavidas intelectual y hasta vital en Argentina, en Wyoming y en mi pueblo, aunque aquí Scoop duró una semana en cartelera... En fin. Tenemos, menos mal, otros medios de degustar esos platos anuales suyos. Abrazos, saludos, todo eso.

Anónimo dijo...

Allen hace que la vida sea un poco mejor sabiendo que está ahí dandonos una racioncita de talento y de diversion año a año. Si es como de la familia, coño...
Adrián