4.2.08

Amy Winehouse, el soul tóxico




Lo asombroso del talento es que no precisa cambiar nada sino que se limita a copiar patrones y a redistribuir el material añejo que los entendidos toman como clásico. Hay gente como Lenny Kravitz que reformulan ese inventario de clichés y factura discos impecables, pero huérfanos de amor. Amy Winehouse es la Billie Holiday del siglo XXI. Le sobra talento y se le nota a gusto con el repertorio. Su voz suena creíble y, por momentos, pareciera que estamos en Detroit y que un jukebox de un motel de carretera estrena hits de la Motown que una negra adolescente baila con una botella de Coca-Cola en la mano. Como si las Ronettes reviviesen su esplendor. El soul ha regresado: tal vez nunca se fue, pero estaba agazapado en distorsiones, escondido en melodías pop, a la espera de recuperar el cetro perdido.
Politoxicómana, bulímica, anoréxica, depresiva, pero canta sobria (creemos) y en el estudio rezuma profesionalidad. Sólo hay que dejarse llevar por la colección de proezas de Back in black. Si hace todo esto presa de su particular alquimia narcótica es que es de verdad una excepcional artista, una gema absoluta. El resto es la galería del morbo, la sórdida evidencia de que el genio casa bien con los excesos o que quizá ambos sean la misma deslumbrante cosa. Su peregrinar a clínicas de desintoxicación sólo incorporan flashes a la biografía. La experiencia en el lado oscuro alumbra prodigios vocales, letras heridas y bases rítmicas dignas de figurar en una antología sublime del soul de los cincuenta.
Rehab, esa intoxicada declaración de principios, ilumina el sendero por el que discurren las convicciones más íntimas de la diva: "They tried to make me go to rehab but i said 'no, no, no' ".
El resto no difiere de este estallido de dependencias, adicciones y demás conglomerado emocional de depresiones, desencanto y rebeldía. Amy asume los riesgos, depone toda actitud conciliadora y se tira de cabeza a los titulares incendiarios de The Sun o a las revistillas de chismes que han encontrado en esta bruja inspirada el vellocino de oro. La industria del ocio requiere exvotos de este calibre: gente sacrificable que acumulan méritos para engrosar el índice de mitos. Amy Winehouse entusiasma por su chulería: al fin y al cabo es ella la que se despeña, la que embota nuestra capacidad de análisis y fomenta la sospecha de que tan sólo está siendo iluminada por las luces de la fama. Cuando su esplendor se desvanezca es más que probable que tengamos un voluntario lo suficientemente atolondrado y genial como para empantanar su futuro a base de chutes de heroína, ingestas masivas de alcohol o rayas infinitas de coca. He dicho uno: tendremos un ejército. Es cosa de que alguno descolle más y merezca portada en Rolling Stone o el honor de tener algún número uno en el Billboard.
Por debajo de la diva cochambrosa (esa imagen da, ese aspecto alimenta) está su música maravillosa, el difícil equilibrio entre el respeto a la tradición de la Tamla Motown y al riquísimo patrimonio de sus éxitos y la metódica prospección de mercado que su sello y sus productores (debe tener una caterva bochornosa de intermediarios, figurines y hasta consejeros médicos y espirituales) hicieron para calibrar el impacto de un disco vintage, ajeno a la demanda de una juventud (que es la que compra discos a tutiplén a pesar de las descargas) huérfana de simbolos y embrutecida por una educación musical diseñada en laboratorio, planeada para bombardear las memorias de los móviles y reventar el aire con eternas transferencias bluetooth con pitido final a modo de orgasmo tecnológico.
El 10 de Febrero se celebran los Grammy y Amy Winehouse es candidata a 6. Importa escasamente que consiga alguno o se los lleve todos. Ya ha triunfado. La búsqueda de su nombre en Google genera un número indecente de entradas. Casi todas exhiben sin pudor (la red es aséptica) un presente hipotecado por el alcohol, el sexo (del que ha manifestado sentirse eternamente insatisfecha) y todos los narcóticos que la releven del papel sórdido y triste que, en el fondo, le ha tocado vivir, la de la nueva Billie Holiday. Sólo tiene que leer (que le cuenten) la biografía de Lady Day. La separa todavía de la señora del jazz (con permiso de Ella Fitzgerald) un abismo de inspiración, sentimiento y experiencia, pero conmueve su voz trémula, su entrega absoluta al género que le fascina y, por encima de todo, su inmarcesible pose de diosa del frágil olimpo de las nuevas heroínas de la banda ancha. ¿ Qué es, si no, este asqueroso mundo ?
Back in black: uno de los mejores discos que yo haya escuchado recientemente. Lástima que lo haya descubierto tarde.

7 comentarios:

Mycroft dijo...

Pues a mi en disco como que no: Prefiero los discos en directo de ella, con más crudeza animal, pero como creo que no son oficiales no los he incluído en mi repaso.
En estudio creo que no alcanza su verdadero nivel, y me parece una producción demasiado estandar de r&b.

emilio dijo...

Tú tienes más cartas que yo; no he oído otro material que frank y este a mi entender estupendo back in black...
Estoy en el periodo de asombro del neófito, que tú también tal vez tuviste antes de acceder a esos discos en directo.
El directo proporciona un acceso más carnal: me ha pasado con montones de grupos.
Será cosa de investigar.
Mientras tanto prosigo en mi etapa de deslumbramiento.

Mycroft dijo...

Una pista. Hay más, pero el sonido de este es menos dañoso:
Live At Paradiso-Amsterdam, Holland February 8th 2007

emilio dijo...

Estamos en línea...
Parece un messenger en vez de comentarios a un posts.. Copiada la propuesta...

pequeñoIbán! dijo...

No conozco mucho a Winehouse más allá de lo "conocido"... pero me gusta comprobar como en los bares la gente la baila la que más, pero aunque todos lo intentan, nadie se la sabe.

REFO dijo...

Esta chica tiene un talento portentoso con la música. Una pena que en su vida privada no sepa dirigir ese talento para controlar sus adicciones.

emilio dijo...

Bares, Amy: ése es el propósito, pequeñoibán, desparrame, júbilo sonoro....

Refo: talentosa la chiquilla. Talento por satélite: la han censurado, como sabes, en USA. Porque tal vez en USA no se usa la ensaladilla rusa, como decía la poetisa de los niños, Gloria Fuertes. Me he ido por la tangente, pero bueno...