31.3.07

MAN TO MAN : Darwin para párvulos




El cientifismo naturalista es un género cinematográfico endeble, pero ha sobrevivido a base de esforzadas cintas entre lo melodramático y lo crasamente documental. Da igual que la premisa fundacional de Man to man sea la supervivencia de unos macacos en Borneo o los deseos de enfrentar fe y ciencia, metáfora y lógica pura. Antropología de parvulario, exotismo de revista de viajes en papel couché, caricatura simiesca de un guión que podría haber dado más caso de que no hubiesen querido insistir en asuntos de tan escaso interés para un espectador moderno, ajeno a estos darwinismos de opereta, a estos prontuarios facilones donde el choque de dos culturas semeja el lánguido apareamiento de dos koalas.Eso del eslabón perdido y milagrosamente recuperado para exhibición pública tiene gancho como para haber producido un film con más sobriedad, menos estereotipado, mucho más interesado en la zozobra moral de unos personajes que en la didáctica boba de un científico escasamente creíble y una situación anómala, entre lo exótico y lo plasta. Si es que este hibridación de epítetos cuela.Hay más: es maníquea en sus planteamientos; ingenua en su solucionario y, sobre todo, plana en lo que propone, aunque las galas que exhibe sean ampulosas y parezca que estamos asistiendo a una ópera magna, a algo incontrovertiblemente relevante.Man to man es una muestra blandengue de cine bien hecho, pero aburrido. Y el sopor es tan enorme que uno abandona el interés por encontrar sentido a esta previsible y muy vulgar puesta en escena que, por ratos, parece un sermón dominical sobre la preeminencia de los valores morales católicos ( aplasten lo que aplasten, pasen por donde pasen ) que un racionalizado y argumentativamente atractivo viaje al corazón humano, cosa que parece dibujarse en los primeros minutos del film ( la caza de los pigmeos ) ilusionan y provocan expectativas que después se ocultan por un montaje moroso, lento, de una ineficacia pasmosa porque a la media hora de proyección se desactivan todos los mecanismos de interés y empieza uno a mirar el reloj ( qué cosa tan terrible en el cine ) y a desear que el rato pase rápido y salgamos pronto para coger al primer desprevenido transeunte y confiarle, sin agobios, nuestras conclusiones. "No vaya usted, quédese en casa". "No la alquile en dvd: pida Babel o alguna edición moderna de Extraños en un tren con extras y todo eso".

Mike Oldfield y la cabra



Paquito el chocolatero, Little Frank the chocolate man, podríamos decir, tocada por Mike Oldfield en Knebworth... ¿ que no ?

29.3.07

¡VIVIR!: Festividad del entusiasmo



Esto era un hombre aburrido, un burócrata taciturno, sinceramente aburrido de la vida, orgulloso de no haber faltado ni un solo día a su trabajo en 30 años de desempeño. Era un hombre sin opciones, sin deseos, sin ganas de medrar ni de consentir ninguna novedad que tambalee esa rutina preciosa, inalterable, ajena a todos los dolores grandes y pequeños del mundo. Era un hombre sin prioridades, rodeado siempre por montañas de papeles, en una crisis monumental, que él desconoce, porque sencillamente no razona el estado lamentable de su gris existencia. Esto es un hombre que recibe la noticia de su cáncer. Y cómo esa revelación insufla de vida su precariedad funcionarial, su lamentable abandono y su monótono tránsito por los días. Aquí es cuando Watanabe, el enfermo revitalizado, decide hacer "su obra social" y construye un parque en su barrio.Para aprender a amar el cine, hay que ver esta película y prendarse de la perfección formal y del lirismo de la escena del columpio ( y la canción triste ) o la concatenación del plano subjetivo del propio Watanabe y su hijo viendo cómo una carreta se lleva el féretro de la madre.¡Vivir! es también una película de Kurosawa, llena de flashbacks muy breves, de apuntes fragmentarios de la trama, que parece, por momentos, una película italiana del neorrealismo llena de japoneses.Así que quien pensara que Kurosawa era Rashomon o Los siete Samurais o La fortaleza escondida, aquí tiene también una joya a lo Capra, un absoluto canto a la vida, a pesar de la tristeza tan enorme que puebla el largo metraje de la cinta. !Obra maestra!( Y para ser la primera película japonesa clásica que este escribiente ha visto, la cosa ha comenzado con excelente buen pie ) Mañana más y mejor.

27.3.07

TIME : Reloj, no marques las horas



En un cuento de Benedetti, muy resumidamente escrito, un hombre encuentra en una mujer lo que no encuentra en la suya. Esta infidelidad no es tal porque en realidad es su propia mujer la que se ha tirado a la calle y se ha convertido en quien la suplanta. La Maga de Cortázar ( Rayuela ) viene a decir que "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos ".
Este juego de identidades da pie a una comedia y también proporciona suficientes elementos para construir un melodrama o un thriller. En este caso, el coreano Kim Ki-Duk ejerce su derecho a facturar un film metafórico, levemente entristecido, comedido en sus concluciones, pero lírico en su desarrollo.
Esta historia de celos enfermizos se escribe con materiales ya conocidos. Balzac o Zola ya habían perfilado la angustia del ser humano ante la impotencia de no encontrar el amor del modo en que cree que el amor debería encontrarse. Con todo, Time no es un novelón decimonónico ni un melodrama a lo Sirk: su naturaleza ofrece una más ambigua evidencia, la del tiempo cercando las pasiones, la del tiempo resquebrajando la belleza y varándola en un limbo impreciso de emociones entre lo rutinario y lo cómodo. Y sus protagonistas son seres enlimbados, permítaseme, sujetos de un destino invariablemente canalla que opera al margen de las consideraciones morales o filosóficas de sus afectados.
La mujer que modifica su rostro y sus maneras para volver a engolosinar a su amado no es un canto nuevo: tiene Time rasgos de tragedia griega, abundan los diálogos ( cosa nueva en el director de la hermética Hierro 3 ) y el fluir de los acontecimientos remite a modelos clásicos, planeados bajo patrones ortodoxos, entendibles siempre, sujetos al timón cartesiano de la lógica. Esa novedad, digna de aplauso en un director como Kim Ki-Dak, tampoco ( no crean ) entusiasma. No hay nada aquí que chirríe, aunque tampoco hay bellos arpegios, subidas en la musicalidad ramplona del conjunto. Los simbolismos de antaño han sido ahora reajustados a la disección naturalista de la psicología de unos personajes siempre escorados a los extremos de la balanza. Como esas estatuas del parque que representan el amor y el dolor, los dos puntos más alejados del espectro de las emociones.
A Time la pierde un punto de inverosimilitud que, en absoluta, deja abolido el interés, que sobrevive gracias a un montaje práctico en donde no hay nada superfluo y todo se engarza con sobria eficacia.

El reloj de Julio Cortázar

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas

Lápida donde reposan sus restos, en París

El anuncio del coche en donde se oye la voz de Julio Cortázar, con sus argentinismos y sus dificultades fonéticas características, ejerce el efecto contrario del que desea. Lo que dan ganas es de no comprar el auto. Han elegido el texto más hermoso, pero han equivocado al actor que lo recita. No debe ser Cortázar. No su voz. No esa voz suya de rayuela y cronopios rebajada a locutar las excelencias de un coche. Por favor, qué crimen más horrendo han cometido.

INVISIBLES : Teorías del amor al prójimo




Isabel Coixet, Wim Wenders, Fernando León de Aranoa, Mariano Barroso y Javier Corcuera, conducidos por la inspiración y el dinero de Javier Bardem, han escrito en imágenes la tristeza de un mundo o su destrucción por mor de su indiferencia, de su barbarie, de su cansina tozudez por mirar a otro lado cuando hay que arrimar manos y levantar esperanzas. Los invisibles son los que, estando, no se ven. No son fantasmagorias ni desaparecidos. Su presencia es su denuncia. Lo que estos pequeños documentales muestran es el grado de incomunicación al que hemos acudido para sobrellevar el peso enorme de la vida, contaminada de prisa, acunada en espantos, manumitida de su belleza para arrojarla al festín indigno de unos pocos que disfrutan de la pobreza sentimental y física de otros muchos.Mujeres del Congo violadas y ninguneadas, fármacos apocalípticos que esconden temerarios negocios, parias colombianos que parecen personajes de Steinbeck, la mortalidad exacerbada en Bolivia y niños que huyen de la depravación adulta y se refugian en su niñez y no quieren empuñar un arma.Estos invisibles viven en nuestro olvido. Habitan nuestra memoria, pero no les damos voz: los arrumbamos, los desechamos, les imponemos la tosca soga de lo que no es nuestro. Ignoro si nos incumben más ahora después de haber sido invadidos por el germen de este documental. Es sólo un documental: desgraciadamente. Estas crisis olvidadas las palian ONG's anónimas, grupos como MSF ( Médicos Sin Fronteras ) y particulares tan voluntariosos como ajenos a todo tipo de relevancia pública que contribuyen con su trabajo o con su esfuerzo económico para que algo, en el fondo, cambie.La vida que viene después de la película no nos devuelve a la película: supongo que de alguna forma también procedemos con ella como con todo lo que en ella nos muestran. La dejamos en un lugar preeminente de nuestros recuerdos durante un tiempo, pero después la descartamos como experiencia y la renombramos en un capítulo aparte de nombre siempre muy dudoso y que tienen que ver con la indiferencia, con la incomunicación. Lamentablemente. Salvo algunos ( todos conocemos a alguien cercano ) que ha cogido los bártulos más precarios, todo el corazón del mundo y la sonrisa perfecta para ir allá donde su colaboración se hace imprescindible para reajustar los errores de diseño de este mundo nuestro tan abocado a lo mísero cuando se lo propone.

26.3.07

HANNIBAL, EL ORIGEN DEL MAL : Los corderos, al final, hablaron más de la cuenta.







Tengo todavía al Dr. Lecter en mi bestiario particular. Hay como una querencia inargumentable por este mal bicho cinematográfico. Culpa de un Anthony Hopkins perfecto, sobre todo. Igual que los mcguffin de Hitchcock, en estas historias de malos fascinantes no deseamos, en modo alguno, bucear en la trastienda del mito. No es necesario saber qué juegos practicaba de pequeño, si le subía las faldas a su prima o si, a escondidas, leía Manuales de Anatomía Comparada con un principio de baba cayendo mentón abajo. El misterio, una vez muerto, es una fotografía en un álbum. Y me parece a mí que esta entrega de la franquicia ha conseguido eso: desmantelar los principios metafóricos de la maldad del protagonista, contarnos sin rubor el origen de sus fobias y de sus vicios como si de una novelita rosa se tratara y pretendiéramos, en dos horas, ejercer de público goloso de chismes en una sesión psiconalista.

Hannibal, el origen del mal, no compromete el futuro de la serie. La historia de Thomas Harris tiene tramas que ni él conoce, pero que se le abrirán como rameras procaces en cuanto Dino de Laurentiis mueva la bolsa de las monedas y le siente delante de un portátil a recordarnos los motivos del lobo, como decía un cuento.Éste, sobreabunda en truculencias: se arroba la muy dudosa categoría de cine desagradable cuando todos sabemos que para conmover o para hacernos estremecer de pánico no hace falta escribir una M sobre el pecho de un desdichado o reventarle un cuello a base de tracción ecuestre.

Lo peor es que David Webber, el artífice de este embrollo, nos ha tomado por tontos. Cree que nos vamos a conformar con cuatro piruetas de canibalismo circense: que nuestra capacidad de fascinación se basta con un refregón de sangre en la mandíbula del futuro monstruo cuando ( insisto ) lo que andábamos buscando ( y yo no he encontrado ) es una explicación coherente de lo que ya sabemos. Digamos que nos han jodido el personaje con una marranada de tres al cuarto con tan poca intención discursiva como profundidad psicológica y que únicamente merece ser salvada por la ambientación ( nunca marrada ) y por cierto simplismo en la forma de contarnos la historia. Esto es, A más B más C y luego D finiquitándola. No sabemos en ningún momento las causas que producen su perversión, el nacimiento de su lado tenebroso. No está bien explicitado el episodio de la niña ( no desvelemos mucha trama ) ni tampoco la revelación del mal como vehículo idóneo para cumplimentar una venganza que entendemos, desde el principio, rayana en lo patético. Veo más intención dramatúrgica en los parlamentos de Grissom en el C.S.I. de los lunes. Este justicialismo de tebeo no cuela: hemos visto ya muchas películas como para dejarnos enredar con tanta facilidad. Y el referente de El silencio de los corderos pesa mucho.

Y no todo es decepcionante. Uno advierte, bien mirado el conjunto, unas ganas que van coreografiadas con un presupuesto holgado y un deseo más que sincero de producir una película a la altura de sus predecesoras que, con altibajos, eran dignas.

En cuanto tenga un rato, voy a mi almacén de películas y busco una edición doble ( con extras abundantes y caja de cartón en vez del clásico y frío envoltorio de plástico ) de El silencio de los corderos. Ahí me redimiré. Regresará al aprecio sencillo por este cabronazo con método que pasará a la historia del Cine como el desquiciado más erudito, inteligente, atractivo y fascinante que ha parido madre. Y ahora sabemos que fue lituana y que la mató una rafaga de metralla nazi en una fría mañana cerca de Kaunas.

Ah, y que alguien me explique lo de la máscara. No me entero.



En fin...


THE QUEEN : Alienígenas en Balmoral







En un momento de la película, un asesor de Blair comenta que la familia real británica viven en el planeta Zog.
En otro, el Duque de Edimburgo, ese personaje a caballo entre la ociosidad remunerada y la más exportable flema británica que pueda verse en pantalla o en Carnaby Street, comenta que un ciervo de catorce puntas ha sido visto en Craggy Head después de haber oído el informativo televisivo en el que dan cuenta de la muerte de Lady Di, en París, con su novio.
The queen es un retrato nada hagiográfico: un elegante ejercicio de voyeurismo sentimental que opera desde una muy británica manera de ver la vida y que, en última instancia, examina la condición del ser humano en estos tiempos de moralidades confusas y de adherencias políticas volubles.
No pone el dedo en el amarillismo. Tampoco hace cuartel en la prensa rosa. Se trata de narrar el pulso entre el laborista Blair, recién instalado en el diez de Downing Street, y la reina, que ha visto ya la presencia de diez primeros ministros desde que Churchill se sentara frente a ella para pedirle, en solemne protocolo, los mandos ejecutivos de la patria.
El mérito de Pete Morgan reside en un guión casi inexistente, basado en la mordacidad de unos diálogos siempre entendibles, aunque el espectador casual carezca de la formación política adecuada para entender el odio de la Monarquía a un laboralismo representado por un Blair novato, pero firme en sus determinaciones, siempre atento al protocolo y consciente de que, al final, las cosas se harán según su antojo. Stephen Frears es el conductor de esta opereta palatina moderna y condesciende a abandonar su natural mala leche a la hora de filmar para facturar un producto sobrio, conciso, de una eficacia narrativa sobresaliente.
Son quienes rodean al primer ministro los que más apuñalan la figura de la Reina y es el propio Blair el que, al final, se decanta por apreciar el valor de una figura que representa una Institución milenaria que el pueblo admira y a la que nunca, bajo quizá ninguna circunstancia, va a dar la espalda.
Película de una contención prodigiosa, nada escorada a ninguna frivolidad, es un ejemplo académico de cómo hacer excelente cine con muy frágiles mimbres porque la película no da mucho de sí. Puesto uno a contar de lo que se trata, se concluye la explicación en un escaso minuto.
¿ Qué es todo lo demás ¿
Helen Miren, que no he hablado y no voy a decir nada de hecho porque todo el mundo ha escrito y dicho excelencias y ahora no tengo el verbo fluido por mor de la hora o del cansancio del lunes.


Abur my friends.


Miles Davis: Relaxing at Camarillo ?


JACK OWENS


Más semblanzas del blues

25.3.07

GENESIS : SECONDS OUT ( 1977 )



El argumento cansino de si Gabriel o de si Collins se resquebraja escuchando esta colección apabullante de temas. Las consideraciones sobre la bondad del rock sinfónico en un mundo pincelado por la prisas, convertido en una maquinaria golosa de consumo, precisan la audición de este disco doble ( en su tiempo ) que capta el espíritu medievalista y conceptual de un grupo que dominó la escena del rock, con permiso de gigantes como Yes, Emerson, Lake & Palmer, King Crimson o Pink Floyd ( y hay algunas bandas que se me criticará no poner ), durante los setenta. La prueba del algodón sinfónico es la pieza Supper's ready, cuento de más minutos, incluida en el portentoso Foxtrot ( el mejor disco de Genesis, en mi opinión ) y (como el buen jazz ) paladeada en cada escucha de modo que el oyente concita el asombro y el descubrimiento en tramos que, de pronto, le parecen nuevos aunque la haya oído treinta veces.
El sonido del álbum es preciso. Recuerdo que en vinilo era siempre el elegido cuando llegaban amigos a casa y quería yo fardar de equipo de música ( sí, el equipo primero, aquella novia ahora obsoleta y sustituida, que duerme en el desván cubierto por viejas mantas ).
La comunión con el público da cuenta de la fascinación y del respeto hacia unos patrones musicales ya en desuso: no tenemos en estos tiempos bandas que hagan una música tan barroca, en el sentido de rica, cuajada de capas, de texturas sonoras y de contenidos literarios.
Ahora que se está gestando el regreso de Genesis ( Banks, Rutherford, Collins ) a los escenarios ( nada de estudios por ahora ) conviene revistar esta obra antológica, grabada en París en 1.977
Yo vi a Genesis en La Rosaleda, en Málaga, con su gira The Invisible Touch. Joven, profano, todavía no muy versado en la discografía de la banda, disfruté enormemente. Recuerdo la entrega de tres músicos ( más Chester Thompson a la batería, ex- Frank Zappa, ex-Weather Report y Daryl Streumer ) de un talento formidable para conseguir gestas épicas en un escenario, aunque parte del repertorio obviará el cancionero clásico ( el de Gabriel ) para volcarse sobre los contenidos más pop que comenzaron a partir del estimable And then there were three. Los arrebatos instrumentales levantaban un estadio. Ahora ( suelo hacerlo cuando escribo sobre un disco ) tengo en el cd The Carpet's crawles, la canción más delicada del mundo. Si lo dudan, escuchen.... Aplausos ( Fade out )

SONNY BOY WILLIAMSON



Si el blues tuviese un rostro, sería éste.

¿Música para las masas ?


22.3.07

Blues de la burocracia

( Reuters )

Los escombros del Estado del Bienestar.
Los que están de pie hacen balance de la barbarie.
Luego redactan documentos.
Les ponen sellos.
Los discuten. Los archivan.
Pronto sólo quedará esta fotografía.

THE RIVER KING : El alumno torpe de Agatha Christie




Este considerable despropósito cubre la necesidad que todos tenemos de consumir cine pobretón para distraernos un poco y poder levantar la mirada, perdernos en tribulaciones domésticas o salir al servicio para estirar un poco las piernas. Si el visionado se produce en casa es momento idóneo para salir a la terraza o acudir a la habitación del ordenador por si el primo de Burgos nos ha enviado ese e-mail que nos ha prometido por sms en donde un powerpoint te hace troncharte de risa.
Telefilm de los mejores que pueden verse, pero no es un telefilm: es una película con visos de seriedad y hecha para la pantalla grandota, y eso impone un respeto. A veces hay cineastas ( creo estar usando correctamente el término ) que pasan de respetos y facturan bodrios o, como en este caso, imperfecciones, granos en una epidermis limpia, no sé, líneas excesivamente rectas cuando lo que nos fascinan son los atajos.
The river king es agradable, formalmente correcta, con cierto pulso narrativo y su trama fluye de menos a más, con mansedumbre, apaciguadamente. No hay escenas-impacto. No hay cambios bruscos de guión. No existen truculencias como en otras películas al uso. Podríamos nombrar diez películas hermanadas a ésta y que podrían encabezar esta crítica. Sí: es una reseña-comodín. La coje uno y la aplica a montones de cintas sin temor a errar. Así de previsible y de neutral es. Así de vacía. Y eso que no acude a soluciones sobrenaturales ( aunque haya una especie de amago de fantasma ) ni ofrece una solución cartesiana a los vericuetos de su suspense. No es una película que entusiasme y puede incluso que cierto público la encuentre atractiva. Depende de lo que uno pida cuando entra al cine. Si se desea echar un buen rato o echar un rato excepcional o simplemente dejar pasar el rato o amplificar el rato y convertirlo en El Rato, esto es, El Momento The River King, que no sé bien qué es, pero barrunto que algo gordo. Y me voy ahora a la terraza a ver si la olvido o le pongo un post-it para que mi memoria ( fiel y cómplice ) la preserve de virus y formateos y pueda yo, en el futuro, recordarla con afecto, pensar: Qué buen rato pasé viendo The river king. ¿ Sí ?

21.3.07

EMPIEZA EL ESPECTÁCULO ( ALL THAT JAZZ ) : El musical oscuro





Como no me atrae el musical, Empieza el espectáculo ( All that jazz ) no me suscitó ningún interés cuando un más que bien abastecido canal de pago la programó hace un tiempo. La injerencia de la música en el cine no ha sido ( no lo es todavía ) santo de mis muchas devociones, pero caí en el generoso acto de sentarme para verla cuando fue editada en DVD. Me pertreché de una buena dosis de paciencia y me dije que iba a soportar hasta el final habida cuenta de la fama que tiene y de la banda sonora. Sólo por la pieza On Broadway cantado por un vitaminado George Benson ( me dije ) ya merecía la pena el trago. La realidad se impuso a mis prejuicios: suele ocurrir. No tengo ningún problema en pedir perdón o en desdecirme: disfruté muchísimo, encontré un film único e insólito, descarado, filosófico y jovial, combativamente dramático y recubierto por una fina capa de mala leche estupenda marca de la casa, esto es, del genial Bob Fosse, de quien había visto años atrás Cabaret y de la que todavía guardo miu agradables recuerdos ( a pesar, muy a pesar de ser cine musical, claro ).
All that jazz ( yo voy a llamarla así en lugar del menos proteico Empieza el espectáculo ) es un vértigo de ingenio, una demostración del talento de un hombre obsesionado por la muerte, en esta autobiografía filmada del coreógrafo y director Fosse, desnudado como pocas veces el cine ha mostrado a un hombre y presentado las cartas de su deceso, la evidencia mortuoria de una vida escorada siempre al exceso, representada en la pantalla en el personaje de Joe Gideon ( un nunca más convincente Roy Scheider ). Que las piezas coreografiadas y la música ocupen una considerable parte del metraje no es óbice para que la película no sea enteramente musical. La música y el baile son recursos de una idea más profunda: la de la bajada a los infiernos de un hombre que ha escapado a sus demonios ( a sus vicios, a sus pecados ( y ahora mira cómo la salud mina su desafio y le arrumba en una cama, donde hace epitafio bailable de su tránsito por el mundo.

Los androides sueñan con ovejas eléctricas


"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."
Parlamento de Roy.
( Y una de las escenas más conmovedoras de la historia del Cine )

20.3.07

Is Spain different ?


Cine de antes



"La fotografía es de un coche-cine del tren El Capillense, construido en la Argentina, en 1951, durante el gobierno de Juan Perón. Nótese el escudo peronista debajo de la pantalla "
La encontré por azar, en esas navegaciones sin propósitos que empiezan en el ciclo de Krebs y terminan con los orígenes del rhythm & blues. En mitad de ese trayecto, un blog argentino y esta foto. El artículo a pie de foto redactado por Liliana Sáez (1) es más que interesante. Disfruten.


(1) Liliana Sáez es Licenciada en Artes, con especialización en Cine, por la Universidad Central de Venezuela; escribe crítica cinematográfica desde 1984. Actualmente edita el blog Kinephilos desde Buenos Aires.

Es mentira





James Dean tiraba piedras

Las Cuatro Y Diez

Fue en ese cine te acuerdas en una mañana
Al Este del Edén
James Dean tiraba piedras en una casa blanca entonces te bese
Aquella fue la primera vez tus labios parecían de papel y a la salida en la puerta nos pidió un triste inspector nuestros carnés
Luego volví a la academia para no faltar a clase de francés tu me esperaste hora y media es esa misma mesa yo me retrasé
Quieres helado de fresao prefieres que te pida ya el café cuéntame como te encuentras aunque se que me responderás muy bien
Ten esta foto es muy fea el más pequeño acababa de nacer oiga me trae la cuenta calla que fui yo quien te invito a comer
No te demores no sea que no llegues a la hora al almacén llámame el día que puedas date prisa que ya son las cuatro y diez
AUTE

19.3.07

4 roses, my friends











Tras todo lunes de resaca hay un martes de perros.

BOSQUE DE SOMBRAS : Peckinpah cantábrico






Podría ser otra película de visitantes metidos en una espiral de violencia en un ambiente hostil lleno de lugareños malvados, pero queda en otro thriller rural acunado por todos las convenciones del género. Huele a Sam Peckinpah ( Perros de paja ) y da también tufillo a John Boorman ( Deliverance ), aunque no hay un plagio flagrante y queda todo en una evidencia muestra de respeto y tributo hacia esos dos maestros del cine, pero Bosque de sombras ( The backwoods ) lastra un guión de una precariedad asombrosa teniendo en consideración el trabajo casi artesanal de un director ( Koldo Serra ) que mima su trabajo y lo reviste de una calidad fuera de toda discusión: brilla la fotografía, el aspecto actoral y una suerte de localización de exteriores de la que no teníamos noticia en el reciente cine nacional.
El argumento nos castiga con una lentitud que exaspera: no es una morosidad apetecible sobre la que descanse algún mimbre del guión. Todos tenemos certeza del rumbo sobre al que a virar la trama. En parte porque hemos visto Perros de paja o quizá porque el trabajo de la escritura no ha estado tan a la altura como todo lo demás. Ni un absolutamente genial Gary Oldman ( que gana enteros en este papel pequeñito en su carrera, pero grande en su filmografía de calidad ) consigue que podamos involucrarnos más en la película.
Bien abastecida de los clichés al uso que pueblan el género, Bosque de sombras no se preocupa en retocarlos, en conducirlos a su terreno. Los patrones estilísticos están filmados con soberbio estilo: queda uno muy gratamente impresionado por la luz ( hay escenas que se quedan fijadas a la memoria después de ver la película ), pero se desastra el conjunto con un estrépito que nos encorajina pues quisiéramos ( es mi caso ) que la cinta contuviese otros méritos para llegar con plenitud hacia donde apunta: hacia una película redonda en un debutante, miren ustedes qué asunto más difícil. Lo consigue Jorge Sánchez-Cabezudo en su primorosa La noche de los girasoles, ya criticada en estas páginas.Este retrato abrupto y seco sobre la violencia y la incomunicación acaba por defenestrar sus innegables aciertos con un final también abrupto y seco en donde no sabemos más y ( puestos a estar fascinados por la trama ) bien que lo querríamos. Esa falta de información no contribuye a que la reseña sea más golosa en adjetivos hermosos y se adhiera ( sin disimulos ) a ese lamentable inventario de películas estupendas ( algunas casi obras maestras ) que se mueren por alguna hemorragia revisable, por algún fallo en la tornillería que hace que el edificio se venga abajo justo en el momento en que más estábamos disfrutando de su escalada.
A destacar la presencia de un Lluis Homar en estado de gracia en el papel de garrulo vengativo rodeado de garrulos tarados. Las tres películas que le conozco ( La mala educación, Los Borgia y ésta ) demuestran un oficio enorme y un futuro ( y ya tiene el hombre sus años ) a considerar.




PEQUEÑA MISS SUNSHINE :Viva la familia unida






Indie: dícese del cine que se aparte voluntariamente de los circuitos tradicionales y que se gesta con la muy clara intención de ser independiente, no contaminable de los tics del cine de consumo mayoritario. Entonces Pequeña miss Sunshine no es una cinta indie, como la venden, aunque Sundance la avale con su marca de fábrica. Independiente, apartado de los circuitos tradicionales y de pretensiones comerciales masivas ( al estilo de Piratas del Caribe o Spiderman en cualquiera de sus entregas ) es su humildad, su desgana por apabullar: no existe nada en el guión que pueda despertar el asombro del espectador acomodado en un cine de traca de feria, enfebrecido de tiros o de efectos especiales indiscutibles. Aquí no hay una película fácil y eso ( bien mirado ) le da un status de pieza rara en este mundo nuestro en el que todo se conduce por la vía de lo asequible, de lo fácilmente masticable, pero como la cinta ha participado en los Oscars de Hollywood y ha entrado en el aro ( digamos ) de la industria, pues parece que deba ser evaluada, criticada, entendida como una película más de entretenimiento familiar al estilo de las citadas anteriormente, ambas dignas y del agrado de este escribiente digital.
Pequeña Miss Sunshine es una road-movie antológica, alegremente ácida, corrosiva en su forma sencilla de mostrar las enfermedades de una sociedad, la americana, demasiado entregada a satisfacer placeres de forma inmediata y convertirlo todo en fast-food, en producto de consumo rápido, sea una hamburguesa, sea un libro, sea una película.

Ésta va de una familia disfuncional, que es una palabra muy de moda. Los Hoover son el paradigma de la familia rota: nadie tiene la cabeza donde debe. Hay un adolescente entre lo grunge y lo nietzscheano que no habla para imponerse una disciplina ( ay si San Juan de la Cruz levantara la cabeza ), un abuelo pornógrafo que esnifa heroína en los ratos libres y aconseja el amor libre y el fornicio como hobby, un padre enganchado a la sociología light a lo Paulo Coelho, un cuñado gay( experto en Proust, un fracasado que hizo la mejor prosa del siglo XIX) recién salido de una intento de suicidio, una niña regordeta que quiere ser miss y una madre abnegada, auténtico pulmón de una familia destinada a reventar en cualquier minuto del día. Welcome to hell, dice el mozalbete autista en un momento del film.

Amable, ácida, perversa, íntima, coloquial: hay muchos adjetivos. La cualidad, sin embargo, más dominante es el optimismo, el hecho crucial de que una carretera marque el norte, el futuro. O que una furgoneta desmantelable en pura chatarra no ceje en su destino final: el hotel de Redondo Beach ( California ) en el que va a tener lugar un concurso singular, la elección de Miss Sunshine, el aberrante concurso de niñas en donde, al final, se produce el desenlace fabuloso, una especie de clímax metafísico en el que uno se reconcilia con la bondad del cine, con su bendita catarsis. Dicho de otro modo : ahora que no es posible verla en cine, acudan al videoclub más cercano. Tienen uno cerca. O uno de esos cajeros impersonales que expulsan el dvd como si fuese un preservativo en una noche de parranda y tuviera uno todas los instintos enfebrecidos.

Vaya. Corra. No verá la mejor película del año, pero sí ( rotundamente ) una de las más frescas, irónicas, mordaces y, sobre todo, agradables.




18.3.07

EL DESVÍO : Serie B mayúscula / Cine negro clásico




La siempre denostada serie B, apaño de presupuestos escasos y pulso creativo con las majors, que imponen su criterio estético a golpe de talonario, tiene en El desvío ( Detour ) una de sus cumbres y el tiempo, ese juez implacable, la ha respetado y consolidado como un film de culto.
Esta road-movie ( el término no estaba todavía explotado ) se grabó en el asombroso espacio de seis días y costó la aún más asombrosa cifra de 20.00o dólares. Hay carreteras perdidas, estampas sombrías de esa América profunda tan cómplice en la iconografía del cine negro, sórdidas habitaciones de motel, mujeres de vivir dudoso y hasta expresionismo alemán traido a los EE.UU por una caterva formidable de directores que vieron en Hollywood un vehículo para agrandar su arte y hacer Historia ( Lang, Sirk, Wilder o este Edgar G. Ulmer, de fama menor ).
No es que el guión sea formidable. No hay un elenco en estado de gracia, como suele decirse. La razón por la que esta película engrosa la nómina de clásicos es su genuina condición de rareza, su habilidad para hacer una gema del cine con mimbres tan frágiles ( el dinero, el plantel anónimo de actores, el guión de serie B ) a la par que otro film de condicionamientos parecidos como So dark the night de Joseph H. Lewis.
Flashbacks, voces en off y una maestría absoluta en el tratamiento del paisaje abrupto hacen de Detour una obra convulsa, abierta a muchas lecturas. La más evidente, su hermosura, su manera de contar una historia ( todo pasa por el tamiz de los ojos de Robert, el protagonista, el pianista que va en busca de su novia y se tropieza, en el camino, con un asesinato que no ha cometido y una mujer fatal, otra, que le chantajea ). Tom Neal, el actor que le da vida, toma en la vida real las riendas de la serie B y del cine negro ya que fue a prisión en 1965 por matar a su tercera mujer.

El mar encabritado

Ni se le ocurra tararear a Mozart
Soledad Gallego-Díaz
Publicado en El País el viernes 16 de Marzo de 2.007

Cada vez que la Orquesta Nacional interpreta a Mozart y lo hace con una
partitura que haya sido publicada hace menos de 70 años, paga derechos de
alquiler por uso colectivo, no a Mozart, por supuesto, sino al editor de esa
partitura. Cada vez que hace una fotocopia de alguna de las partes
instrumentales de esa partitura, digamos los violines o los clarinetes, lo que
hasta un sordo comprende que es imprescindible para que la orquesta funcione,
vuelve a pagar por derechos de reprografía. Cada vez que se publica una nueva
edición crítica de una obra clásica, las orquestas se echan a temblar: algunos
directores quieren trabajar con esas partituras (que quizás han modificado
algunas notas del total de la obra) y eso supone pagar, no por su compra (que
las editoriales no permiten) sino por su alquiler, una y otra vez, cada vez que
la orquesta actúe. Y por supuesto, si el concierto va a ser retransmitido por
radio o por televisión, hay que volver a pagar otra vez, otra cantidad, por uso
público. También hay que pagar si en el programa de mano se les ocurre
reproducir el texto de algunas de las partes cantadas de una obra, si se ha
sacado de un libro publicado, igualmente, hace menos de 70 años.
Hace relativamente poco a un Instituto Cervantes en un lejano
país se le ocurrió digitalizar El Quijote y colgarlo de su página web, con tan
mala fortuna que eligió una edición que tenía menos de 70 años. La reclamación
de derechos fue tal que tuvo que retirar el texto a toda velocidad. Es posible
que la lectura de El Quijote en público con motivo del Día del Libro sea un
delito: depende de la edición que se haya elegido. Habría que investigarlo.
De momento, lo que está claro es que a partir de ahora va a ser delito que
las bibliotecas públicas presten libros gratuitamente, sin pagar un canon a sus
autores. Se suponía que la no existencia de un ánimo de lucro, su papel en la
promoción de la lectura, su función como difusores y conservadores de la obra de
esos autores, justificaba que el préstamo de libros no se sometiera a la
omnipresente Ley de la Propiedad Intelectual. Vana suposición. Se diría que la
ofensiva neoliberal contra todo lo que es público ha alcanzado su propia
caricatura. Como escribió alguien recientemente en uno de los centenares de
blogs que han surgido en contra de esa iniciativa: si todo es privado, reclamo
el uso de mi nombre y me niego a que Hacienda lo escriba en el sobre en que me
manda cartas.
Justo es decir que la culpa de lo que va a ocurrir con las
bibliotecas públicas no es del Ministerio de Cultura, que defendió hasta el
final su negativa a imponer ese gravamen, sino del Tribunal de Justicia de la
Unión Europea, gran defensor de los derechos de autor y de reproducción.
Que
lo haya decidido así el Tribunal europeo sólo quiere decir que existe una
directiva de la Comisión, la 92/100, que impone ese canon. Es ahí, en Bruselas,
donde los ciudadanos de toda Europa deberíamos protestar contra esa mezquina
interpretación de la propiedad intelectual. ¿Acaso los libros de las bibliotecas
no han sido comprados y pagados? ¿Qué es lo que van a perder realmente los
autores? ¿no serán en realidad las sociedades gestoras de los derechos las que
están actuando como codiciosos recaudadores? ¿Empezarán a pedir pronto que los
ciudadanos que tenemos libros en casa paguemos un canon ante la evidencia de que
también los prestamos? ¿Qué les parece aumentar el precio de los libros un euro
para que la Sociedad General de Autores y CEDRO (Centro Español de Derechos
Reprográficos) cobren por adelantado el riesgo de que se vaya a prestar a un
amigo o vecino?
La ministra de Cultura ha dicho que no serán los usuarios
quienes paguen el canon por el préstamo. Está bien. Lo pagarán los presupuestos
de las bibliotecas: ¿será un gran éxito para los autores conseguir que haya
menos dinero para comprar nuevos libros? Al parecer hay muchos escritores que no
quieren que las bibliotecas les paguen por el préstamo de sus libros. Quizás se
pueda elaborar la lista de quienes renuncian a ese derecho y limitar las compras
de las bibliotecas públicas a los autores que se inscriban en ella. Una última
cuestión, ¿se aplica el canon a los libros prestados en bibliotecas de colegios?
Si es así debería crearse inmediatamente otro canon para dar un euro a cada niño
que consiga leer el Viaje a la Alcarria. Qué menos.



Vínculo: Richard Stallman y la apoteosis de la ciencia-ficción en materia intelectual.

Propaganda

Los principios de la propaganda



Goebbels era un genio de la propaganda. Su particular forma de
hacer política tiene mucho que ver con las teorías de P.
Quentin
. He aquí su doctrinario. Trate el amable lector de aplicar
estos principios a la actualidad política, nacional o foránea, da lo mismo.
Ponga nombres. Diga siglas. Busque en esta madeja de preceptos los que más se
adaptan a los principios ideológicos de algunos de los partidos políticos que
nos gobierna. Al hilo de la prensa, advierta también la rabiosa actualidad que
conllevan.

Principio de simplificación y del enemigo único Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".


Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.


Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".


Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad". Una mentira dicha cien veces es una verdad siempre demostrable.


Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. Cuando la información apabulla, no se puede asimilar. Cuando algo incomoda, hay que fomentar la creación de un punto de atención nuevo para hacer que se olvide pronto el que verdaderamente importa.

Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias. Vuelta al rumor: cuando alguien pretende que una mentira se imponga a la realidad sólo precisa construir un vehículo de transmisión adecuado.


Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. Cuando no hay novedades explotables, es muy fácil y da muchos réditos acudir a la Guerra Civil o a la Santa Inquisición. La literatura, el cine y hasta las comidillas de bar facilitan este regreso a las catacumbas de la Historia por mor del beneficio de los partidos.


Principio de la unanimidad. Llegar a convencer mucha gente que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

«La propaganda es un intento de influenciar la opinión y la conducta de la sociedad de tal forma que las personas adopten una opinión y una conducta determinadas» Bartlett

Lecturas / lectores




Preguntaban a los oyentes en la radio sobre el último libro que habían leido. Los más daban título y autor y lo tenían fresco en la memoria. Solían ser el tipo de lector que acaba un volumen y empieza otro. Otros, en un desgraciado sin embargo, no se dejaban someter a un cuestionario tan íntimo, y revelador, y hablaban generalidades. Que si les gustaba la novela negra o los ensayos. Que si gustaban de Joyce o de Pérez Reverte, pongo por caso. Apunto yo mi último libro devorado y revelo el recién abierto ( Breve historia del saber, Charles Van Doren / El quinto día, Frank Schätzing )



¿ Tiene el amable lector también esos dos libros en la memoria reciente ? ¿ Libro acabado, libro empezado ? ¿ Leemos tanto, de verdad ?

17.3.07

LA CAJA KOVAK: Hitchcock & Bradbury









Tiene el thriller nacional escaso bagaje como para que obviemos esta pieza extraña en nuestra cinematografía que tiene valor por sí misma y por lo que representa. Lejos de la cicatería formal de otros productos del género, Daniel Monzón ( un crítico metido a director, el hombre cruzando el espejo ) se aferra al cine de Hitchcock, a sus tramas elásticas y elegantes, en débito con la literatura de Patricia Highsmith y con el cine de serie B de los sesenta ( ahí están los implantes y el malvado del film con guiños a los malos de la serie Bond o de un vulgar Fu-Manchú ). Tampoco falta la mirada agradecida a Ray Bradbury y a la golosa producción americana de los años 50 con amenazas psicotrónicas y tremebundas teorías sobre la alienación.
La caja Kovak es una película trepidante, pausada cuando es preciso, embastada con discretos apuntes cinéfilos y entonada como una sinfonía macabra cuyo final ( en unas muy bien aprovechadas Cuevas del Drach ) merece pasar a la Historia del cine patrio por la sencilla razón de que no estamos, en absoluto, acostumbrados a esa tufillo a final made in Hollywood.

La doctrina de Monzón es el entretenimiento, un meticuloso sentido de la filmación como vehículo de transmisión de contenidos amenos. Y la cinta, completa, es amena a más no poder. Se resquebraja por el artificio del guión, que da en ocasiones la impresión de estar muy forzado, aunque el guionista ( el propio Monzón junto al guionista de Alex de la Iglesia, Javier Guerricaechevarría ) engasta todos los excesos para que todo fluya mansamente, con un empaque a cine clásico estupendo. No en vano arranqué citando a Hitchcock ya que Monzón extrae de la estimable cátedra de Don Alfredo los giros y los retruécanos, los planos monumentales ( las escenas del aeropuerto, las acometidas de la cámara al vehículo que sortea las peligrosas carreteras de la costa ) y, sobre todo, la mecánica de la fascinación, esto es, la forma en que todo el film transcurre hasta su desenlace, que puede parecer ( también ) un punto forzado, pero no cabía otro salvo que entráramos en una más pura versión sci-fi, nada pertinente. Timothy Hutton, Lucía Jiménez y, sobre todo, David Kelly ( el abuelito de Charlie en su fábrica de chocolate ) están estupendos, aunque el papel de Silviia / Lucía esté desdibujada, no explicado con solvencia Si estamos aspirando a ganarnos un territorio en el thriller, no es cosa de pretender ( habida cuenta de nuestra holganza en todo lo que huela a riesgo ) colarnos ya con alfombra y fanfarria en la ciencia-ficción. Tiempo, no hay duda, habrá. Mientras a saborear películas españolas como ésta, tan gratas en lo formal, tan amenas ( insisto ).


Un comentario del director acerca de Gloomy Sunday, la canción que la cinta interpreta Billie Holiday y que fundamenta toda la trama:

"Es una canción muy especial que se llamaba Gloomy Sunday y que tiene una leyenda increíble. La escribió en 1933 un húngaro, Rezsô Seress, y después se suicidó. En los años siguientes, fue una canción prohibida en las radios de los Estados Unidos y de Gran Bretaña porque decían que era una canción que inducía al suicidio. De hecho, se comprobó que muchas personas suicidadas habían escuchado la canción antes de quitarse la vida. Se trata de una canción efectivamente muy triste, con algo muy especial y misterioso en ella, que es una de las canciones más versioneadas de la historia de la música. He intentando hacer que la película tenga un tono muy parecido a la canción, es decir, oscura, inquietante, pero con un gran romanticismo soterrado".



Sunday is gloomy

puede cantar Billie Holiday



My hours are slumberless

Dearest the shadows

I live with

are numberless

Little white flowers

Will never awaken you

Not where the black coaches

Sorrow has taken you

Angels have no thoughts

Of ever returning you

Wouldn’t they be angry

If I thought of joining you?

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