10.12.07

Otis Redding, 40 años.


Hace poco vi en un jukebox de cine (Death Proof, Quentin Tarantino) un disco del sello Stax. Guardo entre mis tesoros discográficos una caja con abundante material de la época dorada de la compañía de soul negro, aunque la fundara un blanco aficionado al country y al rock-a-billy (Jim Stewart) y escasamente aficionado a lo que vendía. No truncó el liderazgo de la Motown, pero le hizo digna sombra durante al menos una década prodigiosa. Su icono incontestable fue Otis Redding, una especie de dios negro con todos los ingredientes para escalafonar meteóricamente en el estrellato de la música. popular norteamericana. Su muerte, cuando tenía 26 años, cortó esa evidencia y cerró la caja de caudales de la propia Stax, que vivía en su Memphis maniatada por oscuros intereses comerciales que movía el gigante Atlantic desde la lejana Nueva York. Ninguna de sus otros artistas pudo alcanzar el magisterio de Redding. Y eso que ahí estaban Carla Thomas, Rufus Thomas, Booker T and the MG's o Sam & Dave, responsables de algunos de los hits del soul, de esos que con cierta periodicidad perlan los grandes éxitos del género y sirven para abrir el paladar de las generaciones ajenas a su magia.
Fue mi caso, que por edad (lógicamente) no viví en primera persona aquellos años fascinantes. El legado discográfico hace las veces de biografía sonora.
Hoy hace 40 años que la tragedia sesgó la voz más genuina del soul: una avioneta que llevaba a todo su equipo a una gira cayó a un lago. Sólo se salvó el trompetista. Pocos días antes su inmortal (Sitting on) the dock of the bay era número uno en todo el mundo y a día de hoy una melodía imperecedera de la Historia de la música ligera (es un decir esto de ligera) del siglo XX.
El soul, que es una especie de folk negro impregnado de blues o una especie de blues negro untado de folk, era en los sesenta una música de consumo mayoritariamente negro. Salvo los típicos temazos (When a man loves a woman, ésta de Redding o What a wonderful world) los discos de larga duración del género eran pasto de las comunidades afro-americanas y las emisoras regionales. Fue Redding quien levantó el género hacia un consumo más multitudinario. Dejó de ser la banda sonora de los derechos civiles de los negros y el ritmo que le hacía llorar o mover los pies, según terciara, para ganarse un capítulo en la historia de los géneros universales.
Melody Makers, la revista inglesa del rock y del pop, en los sesenta, dijo que Otis era Dios, la mejor voz de la década. Su aterciopelado grito sureño, su teatralidad hechizaba cualquier cosa que cantara. No pudimos saber si el encanto de su voz cedería al peso a veces inevitable de la fama, los bolos y los achuchones de los intermediarios. Suele pasar que los dioses acaban pidiendo un micrófono para volver a contar a su feligresía el mensaje de paz y esperanza que alentó su magisterio. No sabremos si Otis Redding hubiese acabado a lo Elvis Presley, enfebrecido por el poder, masacrado por un legado insoportable. Hoy hace 4o años que dejó la pregunta en el aire. Try a little tenderness, (Sitting ... ), These arms of mine, Fa fa fa fa...,I've been loving you too long o I have dreams to remember (que Robert Palmer bordó en una exquisita versión) son algunas de las gemas que firmó. Ahora abro la caja del CD y lo deposito con mimo (reverencialmente) en la bandeja.

2 comentarios:

Mycroft dijo...

Hay que ver cuanto daño han hecho las avionetas, de Buddy Holly a Randy Rhoads...

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Pasando por el dulzón John Denver, que también cayó desde insoportable altura...
Más se llevaron otros "viajes"