8.11.07

Waldo


Sofisticado y pulcro, dandy enjuto de verbo afilado y formas de cortesano versallesco, Waldo Lynecker es, en la memoria del cinéfilo, el columnista en la bañera al que obsesiona el asesinato y la belleza clásica de un rostro, el de su Laura, la mujer del cuadro, el objeto convulso de su Pygmalion privado. Preminger sólo precisó de una escopeta y un reloj para firmar una de las mejores películas de la historia del cine. Hay quien sostiene que el buen cine - o más precisamente el buen cine negro - únicamente precisa un arma y una femme fatale. Que a partir de ahí los argumentos fluyen solos y se cierran solos. Una historia a salvo del rigor homicida de los años, que subsiste por un tema inmortal - cuya nítida y tantálica melodía ocupa todo el metraje - y algunas escenas absolutamente imperecederas, alojadas en el devocionario iconográfico de todo aquel que se haya sentido alguna vez perturbado por la magia del cine. Porque el cine es una perturbación. Y éste que aquí glosa sus vicios cinéfilos, un perturbado.

3 comentarios:

Mycroft dijo...

Que elegancia narrativa la del Preminger!

Tito Chinchan dijo...

Buenas,

Emilio, me va a permitir mi absoluta ignorancia al respecto de cine, pero, ¿de qué película hablas? Es que me ha picado la curiosidad pero no se cual es.

Por cierto, podrías hacerme una recomendación de pelis de cine negro. Algo selecto, como usted sabe.

Muchas gracias.

Besitos.

Alex dijo...

Un gigante siempre, Preminger. Qué tacto y elegancia para contar historias de todo tipo de géneros. Comprendía los mecanismos de cada uno de ellos, y eso es síntoma de genio.

"Laura" es una de mis películas favoritas. La que hizo que me enamorase perdidamente de Gene Tierney cuando tenía 15 años. La escena en la que ella se vuelve carne y hueso, con su retrato al fondo, es antología del cine.