14.11.07

Edgar Allan Poe, San Juan de la Cruz, Iggy Pop, Jessica Rabbit y todos los demás...


¿Qué es obsceno?
Aquello desafectado de ternura, lo que no cuadra en el visor de la evidencia y afinca en la memoria del que mira su más perversa y durable esencia. Es más fácil recordar el grueso calibre del prono ametrellado en la televisión, en un zapping nocturno, que el anuncio de los valores del Tesoro, que el Estado convierte en mercancía golosa para nuevos ricos despistados o gourmets del dow-jones con jamón. La vida la alfombra la felicidad y el bienestar plenipotenciario del alma, pero la convierte en atractiva, en disfrutable, el vértigo de lo obsceno, el formidable ejército de tentaciones que perlan nuestro descenso inevitable al maëlstron de Poe, al cielo de San Juan de la Cruz o al infierno - no me lo duden - de Iggy Pop.
Al cabo de los años descubrimos la fascinación del morbo. Su apreciable imán estira con ardor el pudor y lo convierte, sin dañarlo, en estímulo, en golosina pura. Luego está lo que cada uno esgrima como razonable en la desviación de la norma. Yo me desvío con una facilidad pasmosa y voy de la serie B a la excelencia A con un leve parpadeo como síntoma del tránsito. Más normal en mi fuero más mío es que la mafia rusa expolie la plácida vida burguesa de un barrio pijito en una película de Ferrara o del mejor Cronenberg moderno que el escándalo absoluto de esa pornografía mental de los programas de televisión en los que tiernos infantes sin cerebro todavía exhiben lindezas al gusto de la madre y de la abuela y hasta de algún ojeador de talentos que babea pensando en las giras y en la explotación con contrato de la vida del artista. Ese onanismo debería convertirse tal vez no en delito, en lícito capítulo penal, pero sí en materia constitutiva de aberración, en abominable episodio digno de figurar en alguna infame antología del desatino.
El deseo alumbra perversidades genuinas. Algunas se ajustan a un patrón consensuado. Otras ambicionan territorios prohibidos, escenarios enigmáticos.

El cine: Tal vez uno de esos escenarios de transgresión, ajeno a la vida, aunque insuflado de ella, es el cine. Jessica Rabbit lo decía bien a las claras: ella no era mala, es que la habían dibujado así. Mae West, ese pendón que desinfló la hombría de Gary Cooper antes de ir al cielo, decía que era muy buena cuando era buena, pero que cuando era mala era mejor...
El guionista es el demiurgo, el dios rudimentario y caprichoso que prefigura el infierno y el cielo, la infamia y la gloria. El cine goza del predicamento suficiente como para soportar el peso de todos los infiernos del mundo escritos por cualquier perturbado. Lo obsceno, en cine, en literatura, se reduce a una manifestación del talento y de la creatividad de un individuo al que se le ocurren historias y decide contarlas a los demás. Como las novelas de Henry Miller. Como los relatos y los poemas de Charles Bukovski. Como las letras de Tom Waits. Como la garganta de Linda Lovelace. Todo bien explícito, todo alegremente pecaminoso. El arte es pecado o no es arte. La belleza es convulsa o no es, decía Breton, el príncipe de los surrealistas. El sexo, debidamente hecho, claro que es obsceno, decía Woody Allen en boca de una sus múltiples espejos. La mediocridad carece de enigmas. Todo está demasiado transparente. Nada hay que asombre. ¿Qué es obsceno? El ojo es obsceno.

5 comentarios:

Alex dijo...

Obscena es la violencia real, Emilio. Especialmente la gratuita y la premeditada. Lo demás queda a gusto del consumidor. Para las mentes puras la pornografía es una aberración. La violencia de las películas, también. No hace mucho, me enteré de que en varios países islámicos han prohibido la emisión de "El Correcaminos" por considerarlo violento. Qué puedo decir. Para mí la obscenidad racida en la maldad, en los puños del descerebrado, en la puta boca del engendro que me crucé ayer, en el metro. Bocaza que escupía insultos y desprecio hacia su mujer, o novia ,en un vagón lleno de gente asombrada por semejante exhibición de estupidez. Obscena es la pornografía del corazón. La telemierda que vende a un capullo sentado durante horas que no cuenta nada. En fin... Que cada uno elija su veneno.

Cuísedeme.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Yo hablaba de la violencia simulada, que puede aparecer en cada día más formatos. La violencia visual. La escrita. La gestual. La que no se ejerce directamente pero afecta a todos, al cabo. Esa violencia es obscena o esa obscenidad es violenta. Todo vino - substrato último(primero) del post por un programa de canal sur, mi tierra y olé, con niños en roles de adultos, espoleados por adultos, quemados por adultos, perdidos en los vicios de los adultos. Infamante. Terrible. De una violencia absoluta.

Alex dijo...

Los programas "adultos" con niños de por medio, suponen el sumum de la aberración pura. No se puede caer más bajo. Cierto, Emilio.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Y a mí, en mi oficio, en tal vez también ser padre y gustarme serlo, me revuelve la tripa, entera.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Y a mí, en mi oficio, en tal vez también ser padre y gustarme serlo, me revuelve la tripa, entera.