12.9.07

Norma Monroe

(Bert Stern)


La sobredosis de Nembutal, convenientemente agitada, procura el necesario abono para que la teoría de la conspiración ocupe todavía titulares y fomente la vigencia del mito. Hasta Hoover, el ambiguo emperador de los espías, pensaba que la actriz tenía tratos con comunistas mientras se acostaba con los Kennedy. Hollywood no lloró la pérdida de un talento: lamentó el icono sacrificado al tiempo que se frotaba las avaras manos con los pingües beneficios del deceso. Lo que asombra de esta foto es su belleza vulnerada. La cicatriz perpetrada para operarla de vesícula era el verdadero propósito de Bert Stern, el fotógrafo de Vogue. El resto, la mujer rota, el espejo abierto por el que se fugaba la vida - murió días después - importa escasamente. La diva sonríe con la timidez de quien sabe que el costurón da pie a reescribir su biografía, el trayecto invisible por la fama y por el terrible dolor del desamparo. De alguna forma siempre imaginamos a Marilyn Monroe abandonada, ninguneada por los intelectuales de la época. Hasta matrimonió sus curvas con el cerebro de uno, aunque el contrato social no duró. A Marilyn nada le duró en exceso. El ojo privilegiaba su ampulosa anatomía y ella sólo era la rubia atolondrada, la explosiva actriz que reventaba los sets de rodaje con su informalidad y con su procacidad de niña mal crecida en un cuerpo mórbido e irreverente. La sesión de Stern es el epitafio creativo de una personalidad fracturada, lacerada por una infancia atormentada con el concurso de todos los tópicos posibles para narrar con eficacia una infancia atormentada. Todos sus amantes - Di Maggio, Miller, Sinatra, Montand, los Kennedy - esquilmaron su inocencia, su sencilla apariencia de muchacha rural que escalafona al estrellato por cinco portadas de Playboy, una cara juguetona y unas medidas populares, dignas de figurar en la cabina de cualquier camionero. Murió a los 36 años, pero tal vez vivió más vidas que muchos que alcanzan la dorada senectud afiliados a la rutina y al leve espasmo de no consentir asombro alguno. La instantánea revela, como pocas, el alma oculta durante años de sesiones perfectas de fotos para la memoria.

7 comentarios:

Diego dijo...

Formidable la sección Nombre propios. Casi merecen un blog ella sola. Ésta me ha parecido muy buena. Y la de Van Morrison, que es uno de mis idolos de toda la vida.

Alex dijo...

No creas que su última sesión de fotos fue la única reveladora. Hubo más. Pocas pero suficientes para comprender que las trastienda de tan lujosa fachada estaba llena de grietas. Estaba tan acostumbrada a agasajar con su cuerpo a los hombres que cerca de su final lo hacía sin preámbulos. Montand comentaba a sus cercanos lo fácil que resultó llevar a la Monroe a la cama. Lo que no sabía el francés, es que ella hacía tiempo que había sido desalojada del edificio... por impago, supongo.

Saludos, amigo.

jazzman dijo...

Marylin siempre me ha impresionado por la capacidad de generar historias alrededor de ella, aunque no es un personaje que me fascine mucho que digamos...

He colgado una foto del director elegido para la primera "Sesión Doble", al primero que acierte quién es ganará el "privilegio" de escribir un artículo para publicarlo en el blog sobre su carrera cinematográfica.

Alexander Chura dijo...

Alex:
asi que tu eras el fingidor de detective privado de mi amada Marilyn

Alex dijo...

Pude ser yo, sí. Nuestros pecados nos delatan.

Alexander Chura dijo...

Resultas un curioso pecador. Si Marilyn lo supiera.

Demócrito dijo...

No pillo esta dialéctica cruzada a propósito de Marilyn entre Alex y Alexander. No estaré inspirado. En fin...