4.8.07

Blowup, deseo de una mañana de verano: Anatomía de un asesinato.





Julio Cortázar maneja una Remington o una Contax. La máquina de escribir y la máquina de fotos. Blowup, deseo de una mañana de verano es la película de un cuento que no consigue, en modo alguno, informar sobre ninguna historia y sencillamente discurre, impasible, por los vericuetos siempre falibles del lenguaje y los mecanismos ortodoxos sobre la forma de contar un cuento. La conclusión es que el cuento no puede ser contado porque la realidad no es aprehensible o porque Cortázar admite que su asentamiento en el mundo es accidental y sujeto al impreciso concurso del azar. Lo que se cuestiona es la fidelidad de lo narrado, la veracidad de la literatura, que es tanto como resolver la sustancia del tiempo o la idoneidad del lenguaje. En todo este embrollo de naturaleza enteramente filosófica o semiótica o críptica, Antonioni hace un thriller y un documento perdurable sobre el Londres de los 60 que, a día de hoy, se deja manejar sin pérdida alguna de contemporaneidad, convertido en un conjunto modélico de imágenes más que un film. Antonioni filma una ciudad delirante: un Londres conmovedor, intrigante, extraño. Todos los personajes que lo transitan parecen irreales o están a punto de ingresar en alguna irrealidad más en consonancia con los sueños que con la vida. Y resulta que lo único verdaderamente real es una fotografía o una serie de fotografías que han registrado un asesinato.

El propósito de Cortázar/Antonioni es indagar en lo real para rebajarlo de verismo. Todo el film es una continua manipulación. Los colores de los edificios están sometidos a los volubles estados de ánimo de Thomas, el despreocupado, frívolo y cínico fotógrafo de moda que, en sus ratos libres, cámara al hombro, sustrae a la realidad sus flecos, sus hilos, traducibles en fotografías. ¿ Qué es una fotografía, al fin y al cabo, sino un robo a la realidad ?

El crimen invisible es un mcguffin perfecto: una excusa para sostener durante hora y media una reflexión sobre los automatismos de los sentidos y cómo confiamos en ellos al punto de no someter lo que nos ofrecen a filtros más exigentes que pueden desvelar el verdadero sentido de lo visto o de lo figurado. La cámara de fotos, la Contax de Cortázar, deviene en objeto divinizado que es capaz de inventariar fiablemente el caótico mundo ofrecido a nuestros ojos y que aceptamos sin cuestionar su esencia, su vértigo.

Blowup ha sido justificadamente convertida en cinta de culto para cierto sector de la crítica cinematográfica y tal vez también justificadamente convertida en cinta incomprendida para un cierto sector de la audiencia que ve en ella un exabrupto metalingüístico, un revolcón de ideas sin excesivo asiento racional y un desfile surrealista de personaje tronados que, en esa época, en el boom cultural cerniente, encontraron en el rock, en el sexo y en el rock un acicate para encontrar la felicidad. No dudo que así lo hicieron.

El propio Cortázar la vio en Amsterdam y reconoció haber disfrutado de la plasmación en imágenes de su cuento ( Las babas del diablo ). Refirió que el cine es una máquina estajanovista de hacer dinero: él recibió unos miles de dólares por consentir el uso de su relato y Ponti, el productor, recaudó varios millones.

Como detalle añadido siempre es curioso ver a unos jóvenes Yardbirds ( Eric Clapton hecho un muchachote ) amenizar la estatuaria asistencia que no pestañea ante el desgarro sonoro al que están siendo objetos. Jeff Beck rompe una guitarra al más puro estilo Who y Jane Birkin aparece por primera en un film.






Una obra tan redonda como difícil.


La obra más conocida de Antonioni.

5 comentarios:

Alex dijo...

Para mi es su mejor película. Peca, como era habitual en su obra, de una soberbia elitista camuflada de conyunturalismo pop. Yo veo lo que tú no puedes ver. Yo siento lo que tú no puedes sentir. Me recuerda por momentos a aquellos intelectuales que proclamaban su derecho a meterse peyote legalmente, pero sólo ellos, la masa que siga embruteciéndose con cerveza de barril.

No he leído el cuento de Cortázar. Y es pecado mortal, lo sé. Pero ya habrá tiempo. Te diré que me gustó más el remake que dirigió De Palma años después. No se andó por las ramas de los metafísico. Se limitó a las cuatro dimensiones conocidas. Acertó.

Saludos, Emilio. Y feliz retorno a la cotidianeidad.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo cotidiano en ocasiones cela placeres pequeñitos, pero durables.
He vuelto al cine de madrugada. En la oscuridad del salón. Creo que no puedo pasar sin eso. Ahora me hago una programación para ver una peli por noche salvo descalabros de cansacio que omitan esa licencia. Lo del porno en tu blog ha sido una reflexión serena, pienso. Argumentos para reventar las estadísticas no te van a faltar.
Igual te catapultas al estrellato de los blogueros cuando metas videos subidos de tono sabiamente acompañados por textos.
Tienes asegurada la audiencia. Como un programa infame de la tele, los listos y los guapos. Los cortos de mente y los largos de testosterona por no decir otra cosa.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Ah, lea Las babas el diablo. Empieza jugando al despiste, pero luego se asienta.
http://www.juliocortazar.com.ar/cuentos/babas.htm

Anónimo dijo...

Cortázar cuestiona lo real porque cuestiona el lenguaje, que es su referente inmediato. El cine opera a otro nivel y lo icónico sortea lo lingüístico y entabla un diálogo más sensible e intuitivo con el conocimiento. No está Blowup a la altura del cuento de Cortázar, pero da idea de por dónde van los tiros. Estupendo post.
Jaime M.

El Blog de Eduardo MInutella dijo...

Emilio,
no hace falta que publiques este mensaje. Sólo quería decir que es muy bueno tu comentario sobre el film, y que la frase "Todos los personajes que lo transitan parecen irreales o están a punto de ingresar en alguna irrealidad más en consonancia con los sueños que con la vida. Y resulta que lo único verdaderamente real es una fotografía o una serie de fotografías que han registrado un asesinato" condensa de manera muy lograda y certera la sensación que me ha dado el verlo, y que me costaría poner en palabras con la suficiente justeza. Un dato muy menor que me gustaría señalarte con todo respeto, para que lo corrijas en tu reseña si te parece relevante, es que quien acompaña a Jeff Beck en guitarra en la escena en que tocan los Yardbirds no es Clapton sino Jimmy Page, el guitarrista de Zeppelin. Un saludo,

Eduardo