19.7.07

Antoine, el mar



Confirmado: Los 400 golpes es un canto a la inocencia. Anoche volví a verla y sentí ese despojamiento de toda experiencia. El Arte, supongo, debe tratar de conseguir siempre eso: mirar el objeto retratado con ausencia de signos, ajeno a la contaminación que da la cultura y los batacazos que nos va procurando la vida. Los 400 golpes es también un documento sobre la libertad y la nostalgia, sobre la cordura en estos tiempos de descreimiento, de incredulidad y de desazón espiritual. Tampoco la Francia que retrata Truffaut era el paraíso y no hemos adelantado mucho en nada remarcable desde entonces...
Y además me acosté feliz (una vez más el cine procura esa felicidad sencilla de irse uno a la cama jubiloso y completo) recordando la mirada de Antoine Doinel y su tristeza infinita, su amor puro todavía no hurgado.
Luego sabremos que Truffaut tardó toda su vida en terminar de escribir el libreto de la vida de Antoine Doinel, el niño de los cuatrocientos golpes, que siempre interpretó Jean Pierre Leaud, el novio ignorado de la heroína de El último tango en Paris, pero eso forma parte de la desviación propia de haber visto muchas películas y haber leído algunos libros sobre cine. O sabemos que ahí nació la Nouvelle Vague, esa acuñación semántica que siempre me pareció cargante en su escaparate de prodigios y precintada por un puñado de estirados cinéfilos sin pizca de humor. Reconozco que puedo estar perfectamente equivocado.
Ah, y se me olvidaba el mar, el mar al fondo como metáfora de la felicidad, el mar absoluto al final de la mirada.

1 comentario:

El hijo de thelonius monk dijo...

tm es thelonius monk, mi músico favorito.
Resuelto el enigma.