10.4.07

Hipocrás y palíndromos


Dábale arroz a la zorra el abad es un señor palíndromo, o sea, se lee tanto a diestra como a siniestra: sin pérdidas, sin alteración. Creo yo que hay en esta hermosa lengua nuestra, tan boscosa y tan fértil, pocos palíndromos, pero ahí la zorra, imán de ociosos. Hay quien se emboba con estos hallazgos: quien consagra su talento o su versatilidad creativa en hurgar así la maraña del idioma. Llevo toda la mañana con el empeño ( dignísimo, no me lleven la contraria ) de dar con algún palíndromo nuevo: empresa baldía. Se me dio mejor aquel día en el que me propuse no pronunciar la “o” o ése otro en el que me prohibí tajantemente los adjetivos y entraba en la oficina, es un decir, yo soy maestro de escuela, con un desconcertante “días” que puso a un compañero de poco rizo imaginativo mirarme con gana de mandarme a la santa mierda. Hay gente verdaderamente fascinada con estos juegos léxicos y se consagran a su revelación como quien predica el amor a la filatelia o quien fatiga las calles en busca de una señal que anuncie la llegada de algún Mesías minimalista. Dudo que estos ejercicios vayan más allá de la frivolidad: no dejan de ser malabarismos semánticos y no dan tal vez otro beneficio que entretener el café con los amigos o publicar, a beneficio de bibliógrafos de lo inútil, “Los mil mejores palíndromos de la lengua castellana”. ¿ Funcionarán en francés o en turco Manolo Villegas, mi amigo del alma, mi compañero de despacho, ya he dicho que soy maestro, se pierde en los diccionarios a la caza de vocablos raros. Me dijo ayer si conocía el hipocrás. Ni idea, respondí. Es una bebida de vino, canela y azúcar, confirmó con cara de haber descubierto algún planeta y tener delante la plana mayor del Nacional Geographic. Una sangría menguada, apostillé. En adelante pediré hipocrás en los bares en lugar de té o de cerveza, bebidas excesivamente ligadas a una tradición que el lenguaje debe remozar. Manolo se ha obstinado ahora con los palíndromos. No duerme: le roba horas a los cuadrantes de la oficina. Abandona a la mitad las conversaciones ante la sospecha de que un palíndromo nuevo ande agazapado en lo que vamos diciendo. Yo soy, sin embargo, feliz con mi hipocrás. Mañana me abstengo de pronunciar verbos en pasado.

1 comentario:

al dijo...

Oigo. Le elogio.