29.3.07

¡VIVIR!: Festividad del entusiasmo



Esto era un hombre aburrido, un burócrata taciturno, sinceramente aburrido de la vida, orgulloso de no haber faltado ni un solo día a su trabajo en 30 años de desempeño. Era un hombre sin opciones, sin deseos, sin ganas de medrar ni de consentir ninguna novedad que tambalee esa rutina preciosa, inalterable, ajena a todos los dolores grandes y pequeños del mundo. Era un hombre sin prioridades, rodeado siempre por montañas de papeles, en una crisis monumental, que él desconoce, porque sencillamente no razona el estado lamentable de su gris existencia. Esto es un hombre que recibe la noticia de su cáncer. Y cómo esa revelación insufla de vida su precariedad funcionarial, su lamentable abandono y su monótono tránsito por los días. Aquí es cuando Watanabe, el enfermo revitalizado, decide hacer "su obra social" y construye un parque en su barrio.Para aprender a amar el cine, hay que ver esta película y prendarse de la perfección formal y del lirismo de la escena del columpio ( y la canción triste ) o la concatenación del plano subjetivo del propio Watanabe y su hijo viendo cómo una carreta se lleva el féretro de la madre.¡Vivir! es también una película de Kurosawa, llena de flashbacks muy breves, de apuntes fragmentarios de la trama, que parece, por momentos, una película italiana del neorrealismo llena de japoneses.Así que quien pensara que Kurosawa era Rashomon o Los siete Samurais o La fortaleza escondida, aquí tiene también una joya a lo Capra, un absoluto canto a la vida, a pesar de la tristeza tan enorme que puebla el largo metraje de la cinta. !Obra maestra!( Y para ser la primera película japonesa clásica que este escribiente ha visto, la cosa ha comenzado con excelente buen pie ) Mañana más y mejor.

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