11.3.07

Tramas de gusano

El niño gusano en su caja de zapatos ha pedido que un punzón agujeree la tapa. La caja es roma en las aristas. Por los golpes. Por el abandono también. Por el agujero el niño gusano se deja ver de cuando en cuando y de esa forma percibe el mundo. El amo, en la perspectiva abierta, es un amo gigantesco a los ojos del niño gusano. Es el amo mundo, el amo Dios y el amo del agujero. Un amo todo ojos y boca. Un amo que mima al niño gusano con hojas limpias de lechuga y piensa que estaría bien cambiarle la caja. Ahora una más amplia que tenga vistas. El niño gusano respira ya penosamente. Hará falta otro agujero. O dos. O un ciento. Y si hacer agujeros no beneficia la respiración y el bienestar del niño gusano, hasta podría volarse la tapa. En un gesto rápido. Un manotazo. El niño gusano vería menos enorme al amo Mundo. Advertiría que también su amo tiene una tapa. Azul o gris o negra según se tercie. Y el cautiverio no lo nota porque es feliz en su prisión grande sin agujeros ni lechuga. Dios reconforta así a sus criatura y las libera de respiraciones costosas.

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