15.1.07

50 años sin Bogey


Caso de que Bogart hubiese vivido algunos años más, habría tenido que mantener a su esposa ( Lauren Bacall, que ya tenía medios para subsistir ella sola ) y a su barman. El chiste no es mío, claro. Bogart tuvo ese aire canalla de chico de barrio que escalafona y se come el mundo desde su estatura pequeñita y su cara de estibador o de camionero: era de esos hombres que, cruzándonos con ellos en la calle, no reparamos en su rostro, en lo que ese rostro puede significar en la historia no ya del cine, sino del siglo XX.Bogart murió hace cincuenta años de una afección hepático o de un cáncer de pulmón o comido por alguna dolencia enorme y necesariamente mortal: no se veía salida distinta a una vida excesivamente escorada al exceso. "El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría", escribió William Blake. Yo añado, mosdestamente, que se muere uno joven y sabio, y tampoco la acuñación es mía del todo: es el lema del rock, del pop, del capitalismo consumista y de ese siglo XX que acabamos de nombrar como envoltorio de la vida de este hombre irregular, imperfecto, curtido en mil batallas y conocedor, como pocos, de las artes de la buena vida. Rodando La reina de África fue, junto con John Huston, el único que no se vio aquejado por unas fiebres palúdicas o algo así, adquiridas por la ingesta del agua contaminada de la zona. Ni Huston ni Bogey bebieron una sola gota: se atizaban tragos de bourbon como sustituto de la no confiable agua. Y así vivió, entre la chulería y la modestia porque parece que era un hombre sencillo, nada ostentoso con su fama, frecuentemente tímido y, en asboluto, embebecido de sí, como otros divos de la época, mucho peores actores, encima.Sus besos fueron considerados siempre buenos o de los mejores, y nunca fue un galán. Su labio partido, con una astilla dentro, tal vez, le daba una voz profunda, gangosa, como perdida en un vértigo de dolores, pero venía que ni inventada a posta para darle a sus gangsters, a sus fuera de la ley, un aire de fracasado solemne, de héroe pobre que nunca llegará a casarse con la niña rica. Humphrey murió en decenas de ocasiones: no le importaba. ¿ Qué era morir en un film ? Vendrían otros. No estaba, en absoluto, pagado de sí.ünicamente por su diálogo con Sam junto al piano en el Ricky's de la inmortal Casablanca o por su cháchara con Claude Rains en la niebla de aeropuerto al final de la cinta tendría un hueco, uno grande, en la Historia del Séptimo Arte, pero Bogey hizo más.Su ruda melancolía ha ocupado cientos de films memorables, cientos de pósters: era como el Brad Pitt, en feo, de los años cuarenta o cincuenta, aunque ninguna chavala quisiera presentárselo a sus padres.Su masculinidad ha alimentado una mitología inigualable: ningún otro actor ha cubierto como él ese sector, ese umbral finísimo entre el tipo corriente y el mito inalcanzable: él fue todo eso y lo fue en grado sumo.Tras ocho vasos de whisky estoy en plena posesión de mis facultades", decía.Esta noche me tomaré un bourbon en su nombre mientras coloco en el dvd El tesoro de Sierra Madre, que da un Bogart puro, perdedor e íntimo, héroe de nuestro corazón más humano, accesible y puro.

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